DISCURSO DE PROCLAMACIÓN DEL S.M. EL REY FELIPE VI (19-06-2014)

Creo que es interesante la lectura y el estudio del discurro de Felipe VI en su proclamación como Rey.

Comparezco hoy ante Las Cortes Generales para pronunciar el juramento previsto en nuestra Constitución y ser proclamado Rey de España. Cumplido ese deber constitucional, quiero expresar el reconocimiento y el respeto de la Corona a estas Cámaras, depositarias de la soberanía nacional. Y permítanme que me dirija a sus señorías y desde aquí, en un día como hoy, al conjunto de los españoles.

Inicio mi reinado con una profunda emoción por el honor que supone asumir la Corona, consciente de la responsabilidad que comporta y con la mayor esperanza en el futuro de España.

Una nación forjada a lo largo de siglos de Historia por el trabajo compartido de millones de personas de todos los lugares de nuestro territorio y sin cuya participación no puede entenderse el curso de la Humanidad.

Una gran nación, Señorías, en la que creo, a la que quiero y a la que admiro; y a cuyo destino me he sentido unido toda mi vida, como Príncipe Heredero y -hoy ya- como Rey de España.

Ante sus Señorías y ante todos los españoles -también con una gran emoción- quiero rendir un homenaje de gratitud y respeto hacia mi padre, el Rey Juan Carlos I. Un reinado excepcional pasa hoy a formar parte de nuestra historia con un legado político extraordinario. Hace casi 40 años, desde esta tribuna, mi padre manifestó que quería ser Rey de todos los españoles. Y lo ha sido. Apeló a los valores defendidos por mi abuelo el Conde Barcelona y nos convocó a un gran proyecto de concordia nacional que ha dado lugar a los mejores años de nuestra historia contemporánea.

En la persona del Rey Juan Carlos rendimos hoy el agradecimiento que merece una generación de ciudadanos que abrió camino a la democracia, al entendimiento entre los españoles y a su convivencia en libertad. Esa generación, bajo su liderazgo y con el impulso protagonista del pueblo español, construyó los cimientos de un edificio político que logró superar diferencias que parecían insalvables, conseguir la reconciliación de los españoles, reconocer a España en su pluralidad y recuperar para nuestra Nación su lugar en el mundo.

Y me permitirán también, Señorías, que agradezca a mi madre, la Reina Sofía, toda una vida de trabajo impecable al servicio de los españoles. Su dedicación y lealtad al Rey Juan Carlos, su dignidad y sentido de la responsabilidad, son un ejemplo que merece un emocionado tributo de gratitud que hoy -como hijo y como Rey- quiero dedicarle. Juntos, los Reyes Juan Carlos y Sofía, desde hace más de 50 años, se han entregado a España. Espero que podamos seguir contando muchos años con su apoyo, su experiencia y su cariño.

A lo largo de mi vida como Príncipe de Asturias, de Girona y de Viana, mi fidelidad a la Constitución ha sido permanente, como irrenunciable ha sido -y es- mi compromiso con los valores en los que descansa nuestra convivencia democrática. Así fui educado desde niño en mi familia, al igual que por mis maestros y profesores. A todos ellos les debo mucho y se lo agradezco ahora y siempre. Y en esos mismos valores de libertad, de responsabilidad, de solidaridad y de tolerancia, la Reina y yo educamos a nuestras hijas, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Hoy puedo afirmar ante estas Cámaras -y lo celebro- que comienza el reinado de un Rey constitucional.

Un Rey que accede a la primera magistratura del Estado de acuerdo con una Constitución que fue refrendada por los españoles y que es nuestra norma suprema desde hace ya más de 35 años.

Un Rey que debe atenerse al ejercicio de las funciones que constitucionalmente le han sido encomendadas y, por ello, ser símbolo de la unidad y permanencia del Estado, asumir su más alta representación y arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones.

Un Rey, en fin, que ha de respetar también el principio de separación de poderes y, por tanto, cumplir las leyes aprobadas por las Cortes Generales, colaborar con el Gobierno de la Nación -a quien corresponde la dirección de la política nacional- y respetar en todo momento la independencia del Poder Judicial.

No tengan dudas, Señorías, de que sabré hacer honor al juramento que acabo de pronunciar; y de que, en el desempeño de mis responsabilidades, encontrarán en mí a un Jefe del Estado leal y dispuesto a escuchar, a comprender, a advertir y a aconsejar; y también a defender siempre los intereses generales.

Y permítanme añadir, que a la celebración de este acto de tanta trascendencia histórica, pero también de normalidad constitucional, se une mi convicción personal de que la Monarquía Parlamentaria puede y debe seguir prestando un servicio fundamental a España.

La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles. Todos ellos, valores políticos esenciales para la convivencia, para la organización y desarrollo de nuestra vida colectiva.

Pero las exigencias de la Corona no se agotan en el cumplimiento de sus funciones constitucionales. He sido consciente, desde siempre, de que la Monarquía Parlamentaria debe estar abierta y comprometida con la sociedad a la que sirve; ha de ser una fiel y leal intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos, y debe compartir -y sentir como propios- sus éxitos y sus fracasos.

La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello, velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social. Porque, sólo de esa manera, se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones. Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren -y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública. Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos.

Éstas son, Señorías, mis convicciones sobre la Corona que, desde hoy, encarno: una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Y afronto mi tarea con energía, con ilusión y con el espíritu abierto y renovador que inspira a los hombres y mujeres de mi generación.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Hoy es un día en el que, si tuviéramos que mirar hacia el pasado, me gustaría que lo hiciéramos sin nostalgia, pero con un gran respeto hacia nuestra historia; con espíritu de superación de lo que nos ha separado o dividido; para así recordar y celebrar todo lo que nos une y nos da fuerza y solidez hacia el futuro.

En esa mirada deben estar siempre presentes, con un inmenso respeto también, todos aquellos que, víctimas de la violencia terrorista, perdieron su vida o sufrieron por defender nuestra libertad. Su recuerdo permanecerá en nuestra memoria y en nuestro corazón. Y la victoria del Estado de Derecho, junto a nuestro mayor afecto, será el mejor reconocimiento a la dignidad que merecen.

Y mirando a nuestra situación actual, Señorías, quiero también transmitir mi cercanía y solidaridad a todos aquellos ciudadanos a los que el rigor de la crisis económica ha golpeado duramente hasta verse heridos en su dignidad como personas. Tenemos con ellos el deber moral de trabajar para revertir esta situación y el deber ciudadano de ofrecer protección a las personas y a las familias más vulnerables. Y tenemos también la obligación de transmitir un mensaje de esperanza -especialmente a los más jóvenes- de que la solución de sus problemas y en particular la obtención de un empleo, sea una prioridad para la sociedad y para el Estado. Sé que todas sus Señorías comparten estas preocupaciones y estos objetivos.

Pero sobre todo, Señorías, hoy es un día en el que me gustaría que miráramos hacia adelante, hacia el futuro; hacia la España renovada que debemos seguir construyendo todos juntos al comenzar este nuevo reinado.

A lo largo de estos últimos años -y no sin dificultades- hemos convivido en democracia, superando finalmente tiempos de tragedia, de silencio y oscuridad. Preservar los principios e ideales en los que se ha basado esa convivencia y a los que me he referido antes, no sólo es un acto de justicia con las generaciones que nos han precedido, sino una fuente de inspiración y ejemplo en todo momento para nuestra vida pública. Y garantizar la convivencia en paz y en libertad de los españoles es y será siempre una responsabilidad ineludible de todos los poderes públicos.

Los hombres y mujeres de mi generación somos herederos de ese gran éxito colectivo admirado por todo el mundo y del que nos sentimos tan orgullosos. A nosotros nos corresponde saber transmitirlo a las generaciones más jóvenes.

Pero también es un deber que tenemos con ellas -y con nosotros mismos-, mejorar ese valioso legado, y acrecentar el patrimonio colectivo de libertades y derechos que tanto nos ha costado conseguir. Porque todo tiempo político tiene sus propios retos; porque toda obra política -como toda obra humana- es siempre una tarea inacabada.

Los españoles y especialmente los hombres y mujeres de mi generación, Señorías, aspiramos a revitalizar nuestras instituciones, a reafirmar, en nuestras acciones, la primacía de los intereses generales y a fortalecer nuestra cultura democrática.

Aspiramos a una España en la que se puedan alcanzar acuerdos entre las fuerzas políticas sobre las materias y en los momentos en que así lo aconseje el interés general.

Queremos que los ciudadanos y sus preocupaciones sean el eje de la acción política, pues son ellos quienes con su esfuerzo, trabajo y sacrificio engrandecen nuestro Estado y dan sentido a las instituciones que lo integran.

Deseamos una España en la que los ciudadanos recuperen y mantengan la confianza en sus instituciones y una sociedad basada en el civismo y en la tolerancia, en la honestidad y en el rigor, siempre con una mentalidad abierta y constructiva y con un espíritu solidario.

Y deseamos, en fin, una España en la que no se rompan nunca los puentes del entendimiento, que es uno de los principios inspiradores de nuestro espíritu constitucional.

En ese marco de esperanza quiero reafirmar, como Rey, mi fe en la unidad de España, de la que la Corona es símbolo. Unidad que no es uniformidad, Señorías, desde que en 1978 la Constitución reconoció nuestra diversidad como una característica que define nuestra propia identidad, al proclamar su voluntad de proteger a todos los pueblos de España, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones. Una diversidad que nace de nuestra historia, nos engrandece y nos debe fortalecer.

En España han convivido históricamente tradiciones y culturas diversas con las que de continuo se han enriquecido todos sus pueblos. Y esa suma, esa interrelación entre culturas y tradiciones tiene su mejor expresión en el concierto de las lenguas. Junto al castellano, lengua oficial del Estado, las otras lenguas de España forman un patrimonio común que, tal y como establece la Constitución, debe ser objeto de especial respeto y protección; pues las lenguas constituyen las vías naturales de acceso al conocimiento de los pueblos y son a la vez los puentes para el diálogo de todos los españoles. Así lo han considerado y reclamado escritores tan señeros como Antonio Machado, Espriu, Aresti o Castelao.

En esa España, unida y diversa, basada en la igualdad de los españoles, en la solidaridad entre sus pueblos y en el respeto a la ley, cabemos todos; caben todos los sentimientos y sensibilidades, caben las distintas formas de sentirse español. Porque los sentimientos, más aún en los tiempos de la construcción europea, no deben nunca enfrentar, dividir o excluir, sino comprender y respetar, convivir y compartir.

Y esa convivencia, la debemos revitalizar cada día, con el ejercicio individual y colectivo del respeto mutuo y el aprecio por los logros recíprocos. Debemos hacerlo con el afecto sincero, con la amistad y los vínculos de hermandad y fraternidad que son indispensables para alimentar las ilusiones colectivas.

Trabajemos todos juntos, Señorías, cada uno con su propia personalidad y enriqueciendo la colectiva; hagámoslo con lealtad, en torno a los nuevos objetivos comunes que nos plantea el siglo XXI. Porque una nación no es sólo su historia, es también un proyecto integrador, sentido y compartido por todos, que mire hacia el futuro.

Un nuevo siglo, Señorías, que ha nacido bajo el signo del cambio y la transformación y que nos sitúa en una realidad bien distinta de la del siglo XX.

Todos somos conscientes de que estamos asistiendo a profundas transformaciones en nuestras vidas que nos alejan de la forma tradicional de ver el mundo y de situarnos en él. Y que, al tiempo que dan lugar a inquietud, incertidumbre o temor en los ciudadanos, abren también nuevas oportunidades de progreso.

Afrontar todos estos retos y dar respuestas a los nuevos desafíos que afectan a nuestra convivencia, requiere el concurso de todos: de los poderes públicos, a los que corresponde liderar y definir nuestros grandes objetivos nacionales; pero también de los ciudadanos, de su impulso, su convicción y su participación activa. Es una tarea que demanda un profundo cambio de muchas mentalidades y actitudes y, por supuesto, gran determinación y valentía, visión y responsabilidad.

Nuestra Historia nos enseña que los grandes avances de España se han producido cuando hemos evolucionado y nos hemos adaptado a la realidad de cada tiempo; cuando hemos renunciado al conformismo o a la resignación y hemos sido capaces de levantar la vista y mirar más allá -y por encima- de nosotros mismos; cuando hemos sido capaces de compartir una visión renovada de nuestros intereses y objetivos comunes.

El bienestar de nuestros ciudadanos -hombres y mujeres-, Señorías, nos exige situar a España en el siglo XXI, en el nuevo mundo que emerge aceleradamente; en el siglo del conocimiento, la cultura y la educación.

Tenemos ante nosotros el gran desafío de impulsar las nuevas tecnologías, la ciencia y la investigación, que son hoy las verdaderas energías creadoras de riqueza; el desafío de promover y fomentar la innovación, la capacidad creativa y la iniciativa emprendedora como actitudes necesarias para el desarrollo y el crecimiento. Todo ello es, a mi juicio, imprescindible para asegurar el progreso y la modernización de España y nos ayudará, sin duda, a ganar la batalla por la creación de empleo, que constituye hoy la principal preocupación de los españoles.

El siglo XXI, el siglo también del medio ambiente, deberá ser aquel en el que los valores humanísticos y éticos que necesitamos recuperar y mantener, contribuyan a eliminar las discriminaciones, afiancen el papel de la mujer y promuevan aún más la paz y la cooperación internacional.

Señorías, me gustaría referirme ahora a ese ámbito de las relaciones internacionales, en el que España ocupa una posición privilegiada por su lugar en la geografía y en la historia del mundo.

De la misma manera que Europa fue una aspiración de España en el pasado, hoy España es Europa y nuestro deber es ayudar a construir una Europa fuerte, unida y solidaria, que preserve la cohesión social, afirme su posición en el mundo y consolide su liderazgo en los valores democráticos que compartimos. Nos interesa, porque también nos fortalecerá hacia dentro. Europa no es un proyecto de política exterior, es uno de los principales proyectos para el Reino de España, para el Estado y para la sociedad.

Con los países iberoamericanos nos unen la historia y lazos muy intensos de afecto y hermandad. En las últimas décadas, también nos unen intereses económicos crecientes y visiones cada vez más cercanas sobre lo global. Pero, sobre todo, nos une nuestra lengua y nuestra cultura compartidas. Un activo de un inmenso valor que debemos potenciar con determinación y generosidad.

Y finalmente, nuestros vínculos antiguos de cultura y de sensibilidad próximos con el Mediterráneo, Oriente Medio y los países árabes, nos ofrecen una capacidad de interlocución privilegiada, basada en el respeto y la voluntad de cooperar en tantos ámbitos de interés mutuo e internacional, en una zona de tanta relevancia estratégica, política y económica.

En un mundo cada vez más globalizado, en el que están emergiendo nuevos actores relevantes, junto a nuevos riesgos y retos, sólo cabe asumir una presencia cada vez más potente y activa en la defensa de los derechos de nuestros ciudadanos y en la promoción de nuestros intereses, con la voluntad de participar e influir más en los grandes asuntos de la agenda global y sobre todo en el marco de las NN.UU.

Señoras y Señores Diputados y Senadores,

Con mis palabras de hoy, he querido cumplir con el deber que siento de transmitir a sus señorías y al pueblo español, sincera y honestamente, mis sentimientos, convicciones y compromisos sobre la España con la que me identifico, la que quiero y a la que aspiro; y también sobre la Monarquía Parlamentaria en la que creo: como dije antes y quiero repetir ahora, una monarquía renovada para un tiempo nuevo.

Y al terminar mi mensaje quiero agradecer a los españoles el apoyo y el cariño que en tantas ocasiones he recibido. Mi esperanza en nuestro futuro se basa en mi fe en la sociedad española; una sociedad madura y vital, responsable y solidaria, que está demostrando una gran entereza y un espíritu de superación que merecen el mayor reconocimiento.

Señorías, tenemos un gran País; Somos una gran Nación, creamos y confiemos en ella.

Decía Cervantes en boca de Don Quijote: “no es un hombre más que otro si no hace más que otro”.

Yo me siento orgulloso de los españoles y nada me honraría más que, con mi trabajo y esfuerzo de cada día, los españoles pudieran sentirse orgullosos de su nuevo Rey.

Muchas gracias. Moltes gràcies. Eskerrik asko. Moitas grazas.

UN REY PARA LA ESPERANZA Y LA CONCORDIA

Ponemos este artículo del Presidente del Gobierno, como confianza y esperanza depositada en el Nuevo Rey S.M. FELIPE IV. Que tengamos tiempos nuevos y superemos la situación tan preocupantes que vivimos,
Un rey para la esperanza y la concordia
19.06.2014 | 00:31
Un rey para la esperanza y la concordia
MARIANO RAJOY BREY Son contadas las ocasiones en que todo un país es consciente de asistir a un acontecimiento de envergadura histórica. Y son menos aún los grandes momentos que se viven con la normalidad y la estabilidad institucional con que los españoles estamos viviendo estos días que siempre vamos a conservar, de modo privilegiado, en la memoria. Si la proclamación de Felipe VI, tras la abdicación de Juan Carlos I, es motivo de alegría para todos los españoles, resulta también de justicia felicitarnos por la madurez y la transparencia con que ha culminado el proceso sucesorio. No en vano, el automatismo en la sucesión a la Corona manda un mensaje de ejemplaridad dentro y fuera de nuestras fronteras: el de un país con unas instituciones dotadas de solidez y capacidad de respuesta y el de unos ciudadanos que apostamos por la estabilidad de nuestra democracia y por la vigencia de los símbolos que nos representan y hermanan. Con el ascenso al trono de Felipe VI los españoles estamos reafirmando la probada capacidad de nuestra Constitución para garantizar una convivencia en paz, libertad y progreso, y dar cauce a un proyecto común e integrador para España.
En este día señalado, resulta muy significativo recordar esa otra hora “”cargada de emoción y esperanza” de la proclamación de don Juan Carlos en unas circunstancias tan distintas. Los espectaculares cambios y avances protagonizados por los españoles desde entonces hasta hoy nos hablan de la España contemporánea como una historia de éxito y al tiempo evidencian que el reinado de Juan Carlos I ha sido el más próspero y fecundo de cuantos se recuerdan en el recorrido de la nación española a través de los siglos. Así lo avala el sentir común de la ciudadanía, que identifica al rey Juan Carlos con nuestro período de mayor bienestar y desarrollo económico y social.
Nuestro rey ha sabido ser un anclaje de estabilidad y un motor de progreso para España, un símbolo vivo de cohesión en la diversidad, un bastión en la defensa de nuestra democracia y un pilar de los valores de nuestro Estado de derecho. Su generoso empuje reformista y modernizador se hizo presente desde un primer momento: como conocen bien los españoles, jóvenes o mayores, don Juan Carlos impulsó la Transición junto a figuras inolvidables como el recientemente fallecido presidente Suárez, alentó el pacto constitucional como puerto seguro de nuestras libertades y defendió nuestros afanes de democracia en la noche del 23 de febrero de 1981. Su liderazgo en aquella España que se abría a la democracia y al mundo nos aseguró nuestra plena inserción en la modernidad y nuestro protagonismo en el proyecto europeo.
Estas razones, entre otras muchas posibles, sirven para explicar el profundo vínculo de afecto y agradecimiento que une a los españoles con su rey. Su perfil trasciende con mucho nuestras fronteras, en tanto que, mano a mano con la reina doña Sofía, el monarca ha sido no solo el mejor embajador y defensor de España en el mundo, sino uno de nuestros compatriotas más conocidos y admirados y el reflejo nítido de los valores y las aspiraciones de la España contemporánea. De 1975 a nuestros días, podemos decir del reinado de don Juan Carlos que ha cumplido con creces y ha hecho realidad el propio deseo expresado por el monarca en su proclamación: que España recorriera su camino “en un efectivo consenso de concordia nacional”.
Consciente, como lo es su padre, de que “el cumplimiento del deber está por encima de cualquier otra circunstancia”, los españoles vemos desde hoy representados en la figura de Felipe VI los principios de continuidad y renovación propios de una sociedad madura y moderna como es la española. El nuevo rey de España ha sido el príncipe de Asturias mejor formado de nuestra historia y ha venido desempeñando con indudable acierto sus tareas institucionales como heredero del trono en los últimos años; su formación, sus cualidades personales y su experiencia institucional son una garantía de que accede al trono más que preparado para prolongar y superar, si cabe, los logros del reinado de su padre. Estoy convencido de que contará para ello con la complicidad, el apoyo y el afecto de todos quienes vemos en él a un hombre de futuro, cercano al día a día de la gente, enamorado y conocedor de España en toda su riqueza y pluralidad, y con una experiencia inmejorable para ejercer sus funciones. En suma, una persona de su tiempo y capaz de conectar con la sensibilidad y las inquietudes de las nuevas generaciones de españoles. Con la misma vocación de fidelidad a su papel constitucional que ha mostrado don Juan Carlos, quienes hemos tenido el privilegio de tratar a don Felipe sabemos que siente España como “una gran nación por la que vale la pena luchar”. En este cometido, Su Majestad tendrá el firme respaldo de su consorte, doña Letizia, de la princesa Leonor y de la infanta Sofía.
Con su proclamación ante las Cortes, sede de la soberanía de la nación, el ascenso al trono de don Felipe simboliza a la vez nuestro pasado común y nuestro porvenir compartido. En sus mismos títulos dinásticos -de rey de Castilla y rey de Aragón a conde de Barcelona o señor de Vizcaya-, el nuevo rey nos habla de la continuidad histórica de la nación y del siempre renovado ánimo de convivencia de los españoles. Del mismo modo, su proclamación es expresión de los equilibrios y el sentido de la realidad nacional de nuestro sistema constitucional, del cual la Monarquía parlamentaria es parte indispensable, como lo son la unidad y la pluralidad de nuestro Estado autonómico o la vocación de progreso plasmada en la consideración de España como Estado social y democrático de derecho. Asimismo, en el contexto de un escenario internacional tan cambiante como complejo, su prestigio y su liderazgo serán un activo capital para nuestro país, ante todo en las relaciones con las naciones hermanas de la comunidad iberoamericana, que don Felipe tan bien conoce.
De Noruega a Dinamarca y de Gran Bretaña a Holanda, las monarquías constitucionales se han consagrado como garantía de democracia y libertad y han logrado hacer visible la historia de un país al tiempo que impulsar su progreso social. Los españoles también sabemos de la efectividad histórica de la Corona. Una institución siempre dispuesta al servicio de la nación por encima de la controversia partidista y, por esta misma razón, elevada a patrimonio de todos.
Como príncipe de Asturias, don Felipe ha sido un abanderado de nuestra convivencia y, como monarca, estoy seguro de que nuestro nuevo rey Felipe VI será un rey para la esperanza y la concordia, un rey para la libertad y la igualdad entre españoles. Con el convencimiento, bien aprendido de don Juan Carlos y doña Sofía, de que “el servicio del pueblo es el fin que justifica toda su función”, los españoles acogemos con alegría, responsabilidad y altura de miras el inicio de un reinado en el que S. M. el rey don Felipe va a dar “todo por España”.

UNA FISCALIA AL SERVICIO DE UNA CASI DICTADURA

La Fiscalía venezolana ha solicitado este jueves la detención del exembajador Diego Arria y los opositores Pedro Burelli y Ricardo Koesling por su participación en un supuesto plan magnicida, después de que uno de ellos no acudiera a una citación y ante la presunción de que los otros no lo hagan.
La fiscal general venezolana, Luisa Ortega, indicó al canal estatal VTV que ha “solicitado que se ordene la aprehensión de estos ciudadanos, lo que fue acordado por el Tribunal”.
Ortega indicó que se decidió ordenar la detención después de que “la primera persona que fue citada [Pedro Burelli] no compareció ante el Ministerio Público”.
“Tenemos la certeza, la seguridad, de que dos de ellos no van a acudir tampoco, hemos ordenado la aprehensión de estos ciudadanos”, ha dicho, señalando que como estos ciudadanos no se encuentran en territorio venezolano se solicitará a la Interpol su captura.
Fue citada también “en calidad de testigo” la dirigente estudiantil y activista del partido Voluntad Popular Gabriela Arellano, quien deberá asistir el próximo martes a declarar en la sede del Servicio de Inteligencia Bolivariano (Sebin).
Los anuncios de Ortega se producen después de que hace dos semanas el dirigente del Partido Socialista (PSUV), Jorge Rodríguez, denunciara “un complejo plan dirigido a acabar con la paz” que, según dijo, incluía un “magnicidio” y un “golpe militar” contra el presidente, Nicolás Maduro, que ya fue abortado.
Para apoyar esa denuncia, Rodríguez mostró varios correos atribuidos a la opositora María Corina Machado en los que se podía leer supuestos mensajes a diferentes actores de la oposición venezolana, entre ellos, Arria, señalando que había llegado la hora de acumular esfuerzos y obtener financiación “para aniquilar a Maduro”.
Había mensajes del empresario y exdirectivo de la petrolera estatal PDVSA Burelli a Arria, y de Koesling, que para el oficialismo constituyen pruebas de ese plan.
En una entrevista con el diario El Universal, Burelli, que debía haber comparecido el lunes ante la Fiscalía, rechazó desde Estados Unidos, donde reside, la citación para declarar y dijo que los correos que supuestamente se le atribuyen fueron “forjados”.
“Todos los correos que mostraron son de cuentas cuyo proveedor es Google. Estamos siguiendo el procedimiento establecido, con mi abogado, a fin de conseguir los recaudos técnicos y luego la certificación que demostrará cómo todo esto se montó sobre la base de correos forjados”, declaró Burelli al rotativo venezolano.
Arria, exembajador y exprecandidato opositor en las internas de febrero de 2012, dijo tras la denuncia a través de la red social Twitter: “Me robaron un iPhone y a través d él accedieron a mis cuentas d correo y redes sociales y fabricaron mensajes q no han sido escritos x mí (sic)”.
Tanto Arria como Burelli denunciaron que los correos son falsos, al igual que Machado, que respondió asegurando que esos mensajes no son suyos y que ella ni quiere magnicidio ni golpe de Estado sino que Maduro se vaya.
Machado ha sido citada a declarar el próximo día 16 en calidad de testigo sobre este supuesto plan magnicida.

UN CIERTO DESCONCIERTO “sobre las elecciones 25M”

Ponemos este articulo de Juan Jesús Rodero (Periodista de la Opinión de Zamora porque lo consideramos adecuado)

JUAN JESÚS RODERO Pese a la conmoción imperante causada por la abdicación del rey, se sigue hablando todavía de las recientes elecciones europeas. A corto plazo, inmediato, el sucesor de la Corona, don Felipe, supone un claro mensaje de confianza, renovación y optimismo de cara al futuro. A más largo plazo, y en cuanto a la vida política se refiere, se sigue detectando un cierto desconcierto en el país, por supuesto que en los partidos pero también entre la ciudadanía, por los resultados habidos, que no por la abstención que incluso fue menor de la que cabía esperar dadas las circunstancias.

Y es que las elecciones del año que viene, locales y generales, tan importantes, estarán marcadas por la incertidumbre, muy al contrario de lo que ocurriera en la cita de 2011 cuando la ineptitud de Zapatero ante la crisis otorgaba todos los triunfos a un PP que era la única posibilidad de esperanza en tiempos tan difíciles. Y que otorgó a Rajoy una mayoría absoluta que batía récords en la historia de la democracia española, pero que solo sirvió, a la postre, para proseguir y aun ampliar el cúmulo de fracasos y decepciones anteriores, con un Gobierno que ha hecho caso omiso en todo momento de sus promesas electorales, cargando todo el amargo peso de la situación sobre las clases sociales más desfavorecidas y debilitando a una clase media de la que siempre se ha nutrido el partido de la derecha.

Porque lo que ocurre, lo que va a ocurrir el año próximo, es que mucha gente no sabe a quién votar, sencillamente. El voto de castigo al PP se impone, pues como ya se ha demostrado en las europeas, con una pérdida de 2,5 millones de votos, no se van a olvidar ni a perdonar fácilmente las promesas incumplidas y los sacrificios forzados, y ello mientras la casta política no renunciaba a ninguno de sus infinitos privilegios. En cuanto al PSOE, otro tanto de lo mismo, pero más, dada su descomposición interna en tribus y porque tampoco se olvida ni perdona lo que pasó con Zapatero, cegado por su radicalismo y talante izquierdista. Quedan, entonces, como ha ocurrido el 25-M, las opciones alternativas.

La cuestión es si los resultados de las elecciones europeas se repetirán, más o menos, en las que vienen, sobre todo en las generales. El PP, asegura que no son extrapolables, que volverán a ganar y que se mantendrá el bipartidismo, con el PSOE como principal partido de la oposición. Así será, seguramente, pero lo que está claro es que ya no habrá mayorías absolutas y que puede que haya que recurrir a los pactos poselectorales para no hacer de España un país ingobernable. Los de Rajoy cuentan con la reacción de su electorado ideológico, de las personas de derechas de toda la vida, como gustan de decir, que creen que votarán de nuevo al PP ante el miedo puro y duro a un Gobierno de izquierdas pero de izquierdas-izquierdas. Claro que el miedo no bastó en 1982, cuando el PSOE arrasó.

Todo ello da alas a los nuevos partidos, tanto por un lado como por otro. VOX sigue confiando en ser la alternativa al inmovilismo del PP. Y Podemos, aspira al salto total, a base de populismo, demagogia y utopía radical para recoger el descontento del electorado contra la incompetencia y la corrupción.

EL MINISTERIO DEL INTERIOR ESPAÑOL PERMITE A MARRUECOS VIOLAR LAS LEYES

Expulsión de 13 inmigrantes
La Abogacía denuncia que Interior vulneró la ley al permitir que Marruecos entrase en Perejil Las Fuerzas marroquíes se introdujeron en Perejil para detener a los subsaharianos
La Delegación del Gobierno afirma que se trató de una acción conjunta
Las ONG afirman que la Guardia Civil no actuó y sólo los marroquíes entraron en El Peñón
El Consejo de General de la Abogacía pide a la Fiscalía que actúe
Un ciudadano marroquí, observa el islote de Perejil, en una foto de archivo de 2003. JESÚS MORÓN
ANA DEL BARRIO Madrid Actualizado: 04/06/2014 16:25 horas 10 El Consejo General de la Abogacía ha denunciado que el Ministerio del Interior vulneró la ley al permitir que 32 gendarmes de las Fuerzas Auxiliares Marroquíes entrasen ayer en el islote español de Perejil para detener a 13 inmigrantes africanos y devolverlos a Marruecos.

La Abogacía española acusa al Gobierno de no respetar los derechos de esas personas, que “pese a encontrarse en territorio español, la isla de Perejil, fueron entregadas sin el cumplimiento de ninguna formalidad legal a fuerzas policiales marroquíes”, según asegura en un comunicado.

El Consejo General de la Abogacía denuncia la “gravedad de la actuación” de Interior, ya que algunas de esas 13 personas podrían ser solicitantes de asilo puesto que procedían de la República Centroafricana y podían haber reclamado asistencia letrada.

“Hace pocos años el Gobierno montó un gran operativo militar para defender la soberanía nacional en ese mismo islote. Ayer, sin que de momento se haya dado una explicación, se permitió a la policía marroquí acceder a ese mismo territorio -eludiendo las obligaciones que la Constitución, los Tratados Internacionales y la Ley exigen de las autoridades españolas- cuando un grupo de personas, algunos de los cuales eran menores de edad, solicitantes de asilo y procedentes de zonas en conflicto, se encontraba allí, es decir, en territorio español”, afirma el Consejo General de la Abogacía.

En el texto, los abogados instan además a la Fiscalía General del Estado a que actúe “para depurar cualquier tipo de responsabilidad, individual y colegiada, en la que se pudiera haber incurrido”.

Avistados por un helicóptero español
En la mañana de ayer, la Guardia Civil localizó a 13 inmigrantes en la isla de Perejil, un peñón situado a 200 metros de la costa marroquí y cercano a la ciudad autónoma de Ceuta. Un helicóptero español los avistó y alertó a las autoridades marroquíes.

Por la tarde, las Fuerzas Auxiliares marroquíes entraron en el Peñón, detuvieron a los inmigrantes y los trasladaron a Marruecos. Según la Delegación del Gobierno en Ceuta, se trató de una acción conjunta entre España y el Reino alauí.

Sin embargo, el colectivo Caminando Fronteras, que estuvo en contacto telefónico con los inmigrantes, relata que la Guardia Civil asistió impasible a la incursión de las Fuerzas marroquíes en el Peñón. “Se ha vendido una acción conjunta que no se ha producido. La Guardia Civil no se acercó y se limitó a observar desde un helicóptero y desde las lanchas cómo 32 gendarmes marroquíes armados con palos entraban en territorio español para llevarse a los inmigrantes, algunos de los cuales fueron golpeados. Esta actuación es grave, ya que se están abriendo vías muy peligrosas para las propiedades españolas en la zona”, declara Helena Maleno, activista de Caminando Fronteras.

El enfrentamiento por Perejil
La isla de Perejil fue objeto de un agrio conflicto entre España y Marruecos en el año 2002, cuando 12 gendarmes marroquíes invadieron el islote. Una semana después, tropas españolas desalojaron el Peñón en una operación de madrugada, realizada “al alba, y con un tiempo duro con viento de levante de 35 nudos”, parafraseando al entonces ministro de Defensa, Federico Trillo.

En aquella ocasión, el Gobierno de José María Aznar defendió la españolidad del Peñón a capa y espada. La crisis se zanjó con un acuerdo firmado entre España y Marruecos, gracias a la colaboración del entonces secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, para restablecer el ‘statu quo’ anterior al 11 de julio.

De hecho, la Delegación del Gobierno en Ceuta se escuda ahora en ese acuerdo para justificar la actuación del Ejecutivo español. Según su versión, existe un acuerdo verbal con Marruecos que establece que cuando alguien accede a la isla de Perejil desde el lado marroquí es el Reino alauí quien se encarga de la devolución, mientras que si lo hace desde Ceuta es el Ejecutivo español quien se ocupa del traslado.

‘En la frontera sur se ha instalado un estado de excepción donde no rige el Estado de Derecho’, dicen las ONG
En aquel pacto de 2002, firmado por la entonces ministra de Exteriores, Ana Palacio y su homólogo marroquí, Mohamed Benaisa, se incluía “la retirada y ausencia de todas las fuerzas y funcionarios de Gobierno, uniformados o no, de la isla y la eliminación y ausencia de todo cartel, bandera u otro símbolo de soberanía de la isla, con el entendimiento de que el uso de la isla y el espacio aéreo y marino circundante será consecuente con la actividad previa a julio”.

Sin embargo, en el texto no se hace ninguna alusión a quién se ocupa de devolver a las personas que se introducen en el peñón español. Según la versión de la Delegación del Gobierno de Ceuta, este punto se desarrolló con posterioridad mediante un acuerdo verbal.

“En la frontera sur se ha instalado un estado de excepción donde no rige el Estado de Derecho. En Ceuta, Melilla, el Estrecho y en estos islotes, el Gobierno retranquea la frontera para crear espacios de impunidad”, asevera Patricia Fernández, abogada de la ONG Coordinadora de Barrios, que ha puesto una queja ante el Defensor del Pueblo.

Desde el Consejo General de la Abogacía llevan tiempo denunciando la cada vez más frecuente cesión de soberanía a Marruecos. El Ejército marroquí también entró en territorio español el pasado mes de marzo para devolver a unos subsaharianos que habían intentado alcanzar la valla de Melilla.

“Le hemos hecho otro regalo a Marruecos. Si la Policía marroquí puede entrar en el Peñón de Perejil y detener a la gente, ¿cómo les vas a decir luego que eso no es territorio marroquí? Es indignante que se salten a la torera la ley y los Derechos Humanos de esta forma”, critica Paco Solans, portavoz de la Subcomisión de Extranjería del Consejo General de la Abogacía Española (CGAE).