Acerca de Juan Padilla

Juan Padilla Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología Presidente – Gran Maestre Ad Vitam del Grande Oriente Español Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Del Grado 33 Del Grande Oriente Español. Presidente del Centro de Estudios Masónicos

¿Para que sirve hoy la monomaquia?

¿Para qué sirve hoy la monarquía?
Una nueva república será la mejor garantía para una España unida sobre la base del respeto y la libre decisión de sus pueblos y sus gentes
PABLO IGLESIAS
22 NOV 2018 – 10:49 CET
Hace cuatro décadas, la Monarquía española y en particular Juan Carlos I jugaron un papel de dirección política en la transición que llevó a nuestro Estado de una dictadura a una democracia homologable a las de la Europa occidental de entonces. Aquel proceso político que llamamos Transición española fue el resultado de la correlación de fuerzas (o de debilidades como dijo Vázquez Montalbán) entre actores políticos y sociales procedentes de la dictadura y de la resistencia democrática. Los primeros tenían casi todo el poder pero ninguna legitimidad; los segundos contaban con toda la legitimidad pero apenas tenían poder.
El resultado de la Transición decepcionó a algunos sectores de la oposición democrática. A una parte de las bases más activas que protagonizaron una lucha antifranquista llena de heroísmo y sacrificios, le decepcionó que no se produjera una ruptura democrática con la dictadura, sino una negociación con los sectores del régimen dictatorial que habían entendido que la modernización de España solo podía producirse en democracia y en Europa. No hubo ni revolución a la portuguesa ni ruptura y el desencanto se apoderó de muchos militantes antifranquistas, republicanos por definición y tradición, que se sintieron traicionados por los líderes y los grandes partidos de la izquierda. Eran los héroes y heroínas del antifranquismo, pero eran una minoría. Difícilmente las cosas hubieran podido ocurrir de manera muy diferente. El referéndum sobre la reforma política fue un éxito de Suárez frente a la oposición democrática y los resultados electorales —de 1977 a 1982— dejaron claro que la mayoría de los ciudadanos apostaban por fuerzas políticas que habían asumido (PCE incluido), con mayor o menor entusiasmo, el papel central de la monarquía en la dirección del proceso democratizador de España. En Catalunya y Euskadi pronto se consolidaron como fuerzas hegemónicas el PNV y CIU, que acabaron aceptando la monarquía (CIU casi desde el principio y el PNV más tarde) y que centraron sus esfuerzos en la negociación del encaje territorial que abrió el camino al Estado Autonómico. El único actor de cierta relevancia electoral en Euskadi y Navarra que quedó fuera de aquel consenso fue la izquierda abertzale. Hoy la izquierda abertzale ha reconocido que ETA causó un terrible dolor cuyas heridas aún perviven y es además una evidencia para todos los sectores políticos vascos que ETA no consiguió ni uno solo de sus principales objetivos políticos.
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“Juan Carlos I
contó con el apoyo implícito de la ciudadanía”
La monarquía y Juan Carlos I, una figura inicialmente cuestionada por la izquierda como heredero de Franco, no seducían por igual a todos los ciudadanos pero contaron con la aceptación implícita de una ciudadanía pragmática que votó, mayoritariamente en casi todos los territorios, la Constitución de 1978.
Es cierto, como dijo Suárez a Victoria Prego en una entrevista descubierta y recuperada por La Sexta (el expresidente trataba de quitarse el micrófono y la periodista se encargó de que no se emitiera ese fragmento) que su Gobierno no se quería arriesgar a un referéndum en el que los españoles habrían podido optar por la República. Pero no es menos cierto que no se desató en España un movimiento relevante contra la monarquía como consecuencia de que no se hiciera tal referéndum. España tragó con el heredero de Franco a cambio de democracia, y el heredero, poco a poco y con la ayuda de los grandes medios, se hizo querer por amplios sectores de la ciudadanía.
El golpe de Estado del 23-F, a pesar de sus claroscuros y de las dudas sobre el papel real que jugó Juan Carlos, contribuyó a consolidar la idea de que solo el Rey podría evitar un golpe que devolviera el poder a la casta militar, entonces claramente partidaria del franquismo y molesta con los cambios que se estaban produciendo en nuestro país.
Sin embargo, 40 años después quizá haya que preguntarse ¿Sigue siendo útil la monarquía para nuestra democracia?
“Ahora la opinión quizá no sea muy favorable. Y el CIS no pregunta por ello”
En un reciente editorial en este periódico se decía que no debía cambiarse el sistema monárquico “por electoralismo ni climas de opinión”, reconociendo así que la opinión de los españoles quizá no sea muy favorable a una monarquía predominantemente asociada a los privilegios y a la corrupción, y sugiriendo que una propuesta de superación de la monarquía podría condicionar el apoyo electoral de los ciudadanos. Que el CIS se empeñe en no preguntar por esto es muy significativo.
El editorial aporta sin embargo un argumento muy convincente: “Tan democrática es una monarquía como una república, siempre a condición de que garanticen las libertades”. Es indudable que lo fundamental para definir el carácter democrático de un régimen político no es que la jefatura del Estado sea electiva o no, sino que efectivamente se garanticen las libertades. Pero la calidad democrática de un sistema político sí puede medirse. Sería absurdo afirmar que un sistema que prohíbe el matrimonio entre personas del mismo sexo tiene la misma calidad democrática que otro que sí lo permite. La democracia tiene diferentes niveles de profundización y calidad y todos los demócratas sabemos que la igualdad de derechos entre heterosexuales y homosexuales o entre mujeres y hombres representan avances en términos de calidad y profundización democrática. De la misma manera, que a la jefatura del Estado se acceda por elecciones y no por fecundación sería profundizar en nuestra democracia. Desde el momento en que la monarquía ya no es el precio a pagar para contar con un sistema de libertades (el Ejército español no es hoy ninguna amenaza a la democracia como podía serlo hace 40 años) su función histórica para la democracia española ha perdido su sentido.
“Si el 23-F reforzó a Juan Carlos, el 3
de octubre debilitó
a Felipe VI”
Además, que la monarquía se haya convertido progresivamente en un símbolo que sólo entusiasma a los sectores más conservadores, mientras incomoda a cada vez más progresistas y es rechazada abiertamente por un amplia mayoría de los ciudadanos en Euskadi y Catalunya, hace que haya dejado de ser un símbolo de unidad y concordia entre los ciudadanos. Si el 23-F reforzó a Juan Carlos, el 3 de octubre debilitó a Felipe VI, que no fue capaz de erigirse como símbolo de diálogo, sino como símbolo de la autoridad de un Gobierno que fracasó a la hora de lograr una salida política a un conflicto en buena medida alimentado por su ineptitud.
Nuestra patria necesita hoy dotarse de instrumentos institucionales republicanos que huyan de la uniformidad y el cesarismo, que representen la fraternidad, que garanticen la justicia social y que reconozcan la diversidad de los pueblos y gentes de España como clave identitaria a proteger y respetar. El impulso constituyente que empujó el 15-M y que empuja hoy el movimiento feminista apunta en esa dirección republicana; instituciones que protejan a la gente antes que figuras de autoridad inamovibles.
El pluralismo político e identitario es hoy una realidad en una sociedad que ha tenido 40 años para madurar democráticamente. Normalizar ese pluralismo y abandonar la crispación y el enfrentamiento entre españoles, requiere dejar atrás los símbolos que dividen para dotarnos de instrumentos que nos ayuden a seguir caminando juntos como país. Una nueva república será la mejor garantía para una España unida sobre la base del respeto y la libre decisión de sus pueblos y sus gentes.
Pablo Iglesias es secretario general de Podemos.

¿Para qué sirve hoy la república”

¿Para qué sirve hoy la república?
Javier Cercas
13 ENE 2019 – 09:16 CET
Me desmoraliza que el líder de un partido de izquierda como Pablo Iglesias fomente problemas ficticios en vez de intentar resolver problemas reales.
Otros
No soy monárquico. De hecho, no conozco a nadie con dos dedos de frente que lo sea, sobre todo si por monarquía se entiende lo que se entendió durante siglos. Pero no creo que la república sea la solución a ninguno de nuestros problemas, y sospecho que Pablo Iglesias tampoco lo cree, aunque escriba artículos como ¿Para qué sirve hoy la monarquía? (El País, 22-11-2018), donde sostiene que nuestra democracia sería mejor si fuese una república, con el único argumento de que entonces se accedería a la jefatura del Estado “por elecciones y no por fecundación”. ¿En qué se fundan mis sospechas?
En los años treinta, la última vez que se planteó seriamente en España el dilema entre monarquía y república, monarquía significaba dictadura y república significaba democracia. Hoy eso no ocurre, porque nuestra monarquía es democrática, es decir, una monarquía basada en los principios republicanos y por tanto heredera en la práctica de la última democracia de nuestro país, la II República: por eso el Rey debería vindicar más a menudo la herencia republicana (como hizo cuando homenajeó a los combatientes republicanos de La Nueve, auténticos héroes de guerra que, integrados en la columna Leclerc, liberaron en 1944 el París ocupado por los nazis). ¿Sería mejor nuestra democracia si, en vez de una monarquía, fuera una república? ¿Lo serían la democracia noruega, danesa, sueca o británica, que también son monarquías y, a la vez, algunas de las mejores democracias del mundo? Nadie lo cree, y por eso en dichos países el dilema entre monarquía y república es irrelevante. En realidad, se trata de un falso dilema, y plantearlo equivale a ocultar los problemas reales del país tras un problema irreal: puro postureo de izquierdismo guay, a la larga letal para la izquierda. Porque lo que Iglesias debería explicar no es para qué sirve la monarquía, sino para qué serviría cambiarla por una república (aparte de para desatar una crisis política de primer orden: cambiar la monarquía significa cambiar de Constitución, ya que la monarquía es la clave de bóveda de la de 1978, y empezar de nuevo, recayendo en la espiral de rupturas que ha sido el peor error de la política española en los dos últimos siglos): ¿trocar sin más la monarquía por una república serviría para convertir España en un país más libre, más justo, más igualitario y más próspero? A menos que convirtamos la república en una solución mágica, sentimental y embustera, como el Brexit, la respuesta no puede ser sí. El verdadero dilema en España no es república o monarquía, sino mejor o peor democracia, y la calidad de una democracia, hoy, no depende de si es una monarquía o una república. Y esto lo sabe Iglesias, cuyo artículo está por lo demás plagado de medias verdades, que son las peores mentiras porque tienen el sabor de la verdad. Iglesias dice que, en la Transición, los héroes del antifranquismo se sintieron traicionados por sus líderes, que aceptaron la monarquía; pero no dice que algunos de esos líderes eran héroes del antifranquismo. Iglesias dice que la actuación del Rey el 23 de febrero de 1981 tuvo luces y sombras, y es verdad —sobre todo antes del 23—, pero no dice que la actuación de la clase política casi sólo tuvo sombras, ni que aquel día el buen pueblo español se encerró en su casa a esperar que alguien le sacara las castañas del fuego (y ese alguien fue el Rey). Iglesias dice que Juan Carlos I ganó prestigio el 23 de febrero de 1981 y Felipe VI lo perdió el 3 de octubre de 2017, y es verdad, pero no dice que casi sólo lo perdió entre quienes apoyaban a un Gobierno catalán que derogó de facto el Estatut, violó la Constitución y colocó Cataluña al borde del enfrentamiento civil (todo ello, por cierto, con la complicidad del propio Iglesias); no lo perdió, en cambio, entre quienes apoyábamos la legalidad democrática, como la apoyaban los republicanos de 1936.
Todo esto lo sabe muy bien Iglesias. ¿Por qué entonces escribe lo que escribe? No lo sé. Lo que sí sé es que, como votante de izquierda, me desmoraliza que el líder de un partido de izquierda fomente problemas ficticios en vez de intentar resolver problemas reales.

VIOLENCIA INSTITUCIONAL EN AMÉRICA LATINA

LA LIGA ESPAÑOLA PRO-DERECHOS HUMANOS Y LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL PRO-DERECHOS HUMANOS-ESPAÑA
DENUNCIA LA VIOLENCIA INSTITUCIONAL CONTRA LA PROTESTA SOCIAL
La LEPDD.HH Y FEDERACIÓN INTERNACIONAL PRO-DERECHOS HUMANOS-ESPAÑA:
Expresa nuestro más firme rechazo a la violencia institucional que se está desplegando contra quienes intentan ejercer su legítimo derecho a la libertad de expresión. Esta situación de acoso, hostigamiento y abusos de las fuerzas de seguridad se ha convertido en una constante en países en los que recientemente se ha incrementado la protesta social, como Chile, Ecuador y Bolivia.
Ante las denuncias de corrupción, y la oposición de la ciudadanía a la aplicación de políticas económicas que generan más desigualdad y pobreza, la regla general está siendo la respuesta represiva, aplicando medidas extremas como la declaración del estado de emergencia y la intervención militar en Chile. Esta reacción se ha traducido en violaciones del derecho a la vida, a la integridad física y a la libertad de movimiento. El Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile y La Liga Chilena de Derechos Humanos ya tienen registrado, desde el inicio de las movilizaciones el 18 de octubre, 3.350 detenciones, 87 heridos por armas de fuego, y al menos 17 fallecidos. No habíamos visto al Ejército de Chile disparando en la calle desde el 11 de septiembre de 1973. ¿El Presidente Sebastián Piñera no tiene memoria?
En Ecuador, la violencia ejercida para reprimir las protestas de la población indígena contra medidas económicas aprobadas por el Gobierno, ya se ha saldado, según datos del Defensor del Pueblo, con la vida de 9personas, 1.370 heridos, y 1.237 personas detenidas y procesadas por terrorismo.
En Bolivia, las protestas por los resultados de las elecciones presidenciales han dejado decenas de heridos, y las autoridades han respondido de forma desproporcionada a las manifestaciones de quienes consideran que hubo fraude electoral.
La Liga Española Pro-Derechos Humanos y las Federación Española pro Derechos Humanos- España instan a los Gobiernos de estos Estados a que cesen inmediatamente las acciones represivas contra la población, se escuche la voz de la ciudadanía y se garanticen el pleno ejercicio de la libertad de expresión, así como los derechos de reunión, asociación y manifestación. Asimismo, es responsabilidad de las autoridades la implementación de políticas que respondan a las demandas de mayor justicia social, y que generen cambios profundos para reducir la pobreza y la inequidad.

Francisco José Alonso Rodríguez
Presidente

UN EX MASÓN LLAMA ZORRA A LA ALCALDESA DE BARCELONA

Si estuviera en activo debería automáticamente ser expulsado. LAMENTAMOS EL DESPRESTIGIO QUE ESTA SUFRIENDO LA G L E. (CULPABLE TODOS UNOS POR CULPABLES Y OTROS POR SU SILENCIO)
Diario Masónico
Informativo masónico de habla hispana nº 1 del mundo
Portada » Un ex-masón llama “zorra” a la alcaldesa de Barcelona en un tweet

Un ex-masón llama “zorra” a la alcaldesa de Barcelona en un tweet
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Durante los días que convulsionaron las calles de Barcelona, un Pasado Gran Asistente de la Gran Logia Provincial de Castilla, bajo los auspicios de la GLE, publicó en Twitter un comentario en el que espetó un “calla zorra” a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
Como todos sabemos, la semana pasada hubieron graves altercados en toda Cataluña como consecuencia de la publicación de la sentencia emanada del Tribunal Supremo español, en el que se condenaba, a casi todos los líderes políticos que participaron en el referéndum de autodeterminación celebrado el 1 de octubre de 2017.
Ello supuso el encarcelamiento preventivo y el subsiguiente juicio, dos años después, en el que se condenaba a los acusados a penas de entre 13 y 9 años de prisión, lo que provocó una serie de noches llenas de altercados en el orden público en las calles, principalmente en Barcelona.
A propósito de estos acontecimientos, muchas fueron las manifestaciones, tanto a favor como en contra, a través de las redes sociales. Hasta aquí todo relativamente normal. Los usuarios se cruzaban acusaciones y como no, insultos.
Lo grave es que un masón, que manifiesta desde ayer estar en sueños, que responde a las iniciales de M.S., también entró en ese juego y de manera grave.
“Calla zorra”
Con esta sentencia impropia de un masón, activo o no, se despachaba en un comentario en Twitter, a propósito de una noticia publicada por un diario generalista español acerca de los disturbios acaecidos.
Más grave aún, si cabe, es que en su foto de perfil posa con las regalías propias de su oficio, y que hasta día de hoy mantiene, a pesar de declarar “estar en sueños”. Para rematar la jugada, la en la foto le acompaña el Gran Maestro de la Gran Logia de España.

Resulta una manifestación gravísima en boca de un masón. Por su talante absolutamente machista, fuera de lugar y que indica que aún escribiendo, no es fruto de un calentón, sino de una forma de ser muy interiorizada, una violencia verbal que sobrepasa el concepto de incitación al odio.
Comparar a la alcaldesa de Barcelona con una prostituta no es justificable bajo ningún concepto, máxime cuando quien lo espeta es un masón iniciado. Estemos más o menos de acuerdo. Es justo lo contrario a la reflexión, el análisis y la prudencia con que un masón debe expresarse en privado y, obviamente, en público.
No es un problema coyuntural, es estructural
Este señor que, por cierto, fue asistente del recién defenestrado Manuel Rey (Pasado Gran Maestro de la Gran Logia Provincial de Castilla), no es el único que utiliza esta serie de comportamientos y/o declaraciones soeces en la GLE.
Parece ser que en la obediencia española, aparte de las riñas, peleas y traiciones ya famosas en su historia, se ha instalado una casta de “masones poligoneros”, que han alcanzado altas cotas de poder, y que se caracterizan por su impunidad, enorme ego y baja cultura.
Podemos ver varios ejemplos en algunas de las provincias que, coincidentemente, han apoyado de forma más mayoritaria a Óscar de Alfonso en su última reelección el pasado año.
En Canarias hay imputados e implicados en fraude fiscal, evasión de impuestos y blanqueo de capitales, algunos de ellos relacionados directamente con altos cargos de la GLE. En Alicante (provincia masónica de Valencia) ha habido Venerables Maestros, con la concupiscencia del Gran Maestro de la GLE, condenados por estafa y con una prohibición judicial para gestionar dinero de cualquier entidad jurídica. En Andalucía hay Grandes Oficiales condenados en firme por la justicia y siguen ejerciendo. En Castilla, todos sabemos los problemas que ha habido, cuyos efectos desembocaron en la dimisión de su Gran Maestro Provincial hace justo un mes.
¿Cuáles son los factores que han convertido a la honorable GLE en el refugio de estos elementos nocivos y ultradogmáticos? Esto es objeto de otro artículo y un análisis mucho más profundo. Lo único claro es que Óscar de Alfonso sabe todos los extremos confirmados en este artículo. Y los permite.

Los masones no reconocemos al Gran Maestro Óscar de Alfonso como Masón, porque no representa nuestros valores

Me piden que ponga en este espacio para su difusión (la considero adecuada)
Los masones no reconocemos al Gran Maestro Óscar de Alfonso como Masón, porque no representa nuestros valores
Escrito por Cartas al Director • 2019-07-14 05:30:00
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Carta abierta ante la Sociedad Española de un Masón miembro de la Gran Logia de España.

Me dirijo a ustedes desgraciadamente desde el Anonimato, los motivos son claros el Gran Maestro Óscar de Alfonso como el mismo declaro es un “Conspirador” y al Gran Cónclave va con un “Machete en la boca” palabras textuales del principio Gran Maestro Óscar de Alfonso, para cortar cabezas. Por poder tener represalias tal y como sufrieron muchos hermanos y el último el Gran tesorero, que fue fulminado en su oficio por orden explicita mediante un Decretazo del Gran Maestro Óscar de Alfonso, debo de mantener el ” Anonimato”.
Llevo más de 20 años en la Gran logia de España, y nunca he vivido una forma tan distorsionada de los ideales y valores masónicos.
Soy Gran Inspector General, el Gran Maestro Óscar nos llama “Sus Ministros” en mi caso ya Ex-Ministro.
Estando durante años en la cúpula y en el Órgano de Gobierno de la GLE quiero dejar una humilde carta reflexión ante la sociedad española y ante toda la masonería en general.

Es obsesivo falso Poder
Cuando alguien se aferra al poder, como hace el GM. Oscar de Alfonso obviamente no lo hace solo, sino que tiene un conjunto de personas que se comportan como ovejas, en este caso que asienten ante esa toma de poder. El asentir tiene que ver con el no atreverse a cuestionar o plantear las ideas o su propia percepción, pero este conjunto de personas que sostienen al que mantiene el poder o bien son beneficiarias del mismo, y por eso Callan, o bien en el caso de la estructura masónica guardar el valor del silencio malentendido. No obstante desde mi punto de vista cuando alguien mantiene una obcecación con un lugar que ya no le corresponde, que es criticado ,que no es bien visto, es obviamente por que El ha conseguido en su yo imaginario en su yo Real obtener el poder, que el poder para él es el pleno de la libertad, gran error , cuando uno no tiene poder interno automáticamente se aferra al externo, cuando uno no tiene poder interno el cual se va fraguando a traves de lo que uno va evolucionando, se aferra al poder externo, alguien que se aferra al poder externo y esto tiene que ver con las propias “carencias” que como todos podemos tener, en la infancia uno tuvo, corresponde a una persona que nunca fue vista o él no se consideró visto, corresponde a una persona que desde él nunca fue aplaudida, nunca fue el mejor, nunca fue el que destacó en el colegio ,nunca fue el que fue admirado. Como nunca fue eso o lo fue pero él no lo percibió, no lo sintió, en el momento que sale a lo externo con intención o sin ella, entra en una estructura, en este caso Masonica ,una estructura donde cada vez se da mas cuenta qué es valorado, que es tenido en cuenta y empieza a centrarse un objetivo y es que si lo externo me permite tener un poder determinado que yo mismo no siento dentro de mí, porque estoy desvalido, o me siento que soy nada, me siento que no valgo para nada, automáticamente “cojo la estructura como mi falso yo”, cojo la estructura y desde ahí mi ego engorda, cojo la estructura y la utilizo. El problema no es que él coja la estructura, el problema es que la estructura sea él, por qué los demás que forman parte de esa estructura automáticamente le siguen, automáticamente la aplauden, automáticamente callan. Obviamente llega una confusión donde uno cree que el poder es él, donde uno cree que las estructura es él, donde uno cree que puede hacer todo y no tiene límites. El gran problema es que uno se confundió con la estructura y por lo tanto dejo de ser el Ser que es para ser una estructura.
Una estructura no vale nada automáticamente se diluye y si la estructura se diluye yo me quedo diluido entonces no soy nada, por eso automáticamente me aferro a ese poder, el abuso es el propio poder que no me emana, es que si no tengo ese poder no soy nada, por eso aparentemente parece que se abusa pero el abuso de poder viene determinado por quienes se dejan abusar del mismo,
Automáticamente no hay dictador sin personas que le aplaudan por lo tanto es cierto que quien abusa del poder, es cierto que quien trabaja de una manera dictatorial, es cierto de quién se toma todas las libertades dentro de la cúspide de una estructura , obviamente se cree que es la estructura y no la va a abandonar porque” el día que no la tenga, quién es él”, para él es nadie, de ahí que se sujete en su lugar en la estructura, pero insisto automáticamente los que están fuera, los que forman parte de su estructura, los que forman parte de esa institución ¿dónde están? si lo permiten ¿porque es? porque algún beneficio también sacan, por qué se creen que también son parte de algo importante, porque tienen la mismas carencias que este señor que ilumina la cúspide, las carencias ¿cuáles son?: el ser reconocido, el ser querido, el ser recordado , el creer que soy alguien, los aplausos me llenan , es lo que me hace vivir, mis propuestas atendidas porque si no son atendidas, ya me voy a encargar yo de que lo sean, ese es mi EGO y algo mucho más que el ego y es que creo que soy ese , y ese no soy yo. De ahí que y concluyó emocionalmente hablando, cuando creo que soy alguien si me quitan es algo que me sujeta simplemente me muero. Por otra parte cuando yo estoy en una institución y mantengo el poder e intento trasmitir una seríe de valores, una serie de principios, una serie de maneras de hacer, es obvio que lo puedo hablar, lo puedo escribir, lo puedo publicar y lo puedo hacer llegar a todo el mundo, lo puedo hacer expandir, pero no lo puedo transmitir porque el que no tiene, no lo puede dar. Yo no puedo ser claro porque no lo soy conmigo, yo no puedo ser transparente porque no lo soy conmigo, yo no puedo ser honrado, porque no lo soy conmigo, yo no puedo ser humilde por qué no lo soy conmigo, yo no puedo ser servicial porque no soy servicial siempre hay un interes atrás .
Cuando uno pierde el sentido de lo que está haciendo, cuando uno pierde el sentido de la institución, cuando uno pierde el sentido de su tarea dentro de la estructura, porque solamente se fija en lo que a él le aporta dentro de lo que es su objetivo que es ser resplandeciente delante de los otros, porque delante de mi mismo no lo soy, Automáticamente una vez perdido el sentido ya carece su presencia de sentido, por lo tanto no nos ofusquemos, simplemente reflexionemos que el que no tiene que estar, no ha de estar y si permitimos que siga estando será porque cada una de nosotros desde algún lugar obtiene algo.

No reconocemos al Gran Maestro Óscar de Alfonso como Masón, no representa los valores esenciales de nuestra Augusta institución.
No representa ninguno de los valores que en más de 300 años hemos intentado integrar ante la sociedad.

Llevo más de 20 años siendo Masón y miembro en la Gran logia de España y por primera vez me avergüenzo de quien dice nos representa.
La masoneria no es dictadura, ni amenaza, coacción, es decir o estas con Óscar de Alfonso o eres un enemigo a abatir, el descontrol emocional y Psicológico del Gran Maestro está llegando a extremos que nunca deberían de llegar.

Reciban un triple abrazo fraterno.

13 Julio 2019.

COMUNICADO SOLICITANDO LIBERTAR PRESOS POLÍTICOS EN NICARAGUA

La Liga Española Pro Derechos Humanos, la Federación Internacional Pro Derechos Humanos-España y la Federación del Grande Oriente Español exigimos al Gobierno de Nicaragua la liberación inmediata de los presos que fueron detenidos durante las protestas que se produjeron en el país a partir de abril de 2018. El Ejecutivo de Daniel Ortega tiene que liberar a todos los presos políticos antes del próximo 18 de junio, en aplicación del acuerdo que suscribió el pasado 20 de marzo con la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. Aunque, dada la proximidad de la fecha acordada, durante los últimos días ha ido decretando la liberación de algunos, muchos de ellos todavía permanecen privados de libertad.
Los países miembros de la OEA ya exigieron la liberación de los presos, a través de la resolución “La situación en Nicaragua”, aprobada el pasado 21 de mayo, por la que también se instó al gobierno a que garantizase el regreso seguro y sin represalias de los exiliados que tuvieron que huir del país para preservar su integridad física, entre ellos periodistas y activistas de derechos humanos.
Asimismo, en virtud de resolución de esta misma fecha, la Corte Interamericana de Derechos Humanos requirió al Estado que evaluase el otorgamiento de medidas alternativas a la privación de libertad, respecto de 12 personas que habían sido detenidas durante las referidas protestas, y que adoptase las medidas necesarias para proteger eficazmente la salud, vida e integridad personal de 17 detenidos. El Estado de Nicaragua tiene la obligación de cumplir en su integridad esta decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Por otra parte, la campaña de detenciones que se desató tras las protestas pretendió ampararse con la aprobación, en agosto de 2018, de una ley contra el terrorismo, que fue duramente criticada por el Alto Comisionado de Naciones Unidas, por contener una definición muy vaga, y por permitir una interpretación extensiva que podría provocar la acusación de personas que simplemente ejercían su derecho a la protesta. Por ello, la liberación de los presos debe ir acompañada del archivo de todos los procesos judiciales que se hubieran incoado como mera represalia por ejercitar el derecho de reunión pacífica y la libertad de expresión, o con el único objeto de criminalizar a periodistas, manifestantes disidentes del Gobierno y defensores de los derechos humanos.
Exigimos igualmente que se garantice el acceso a la justicia de las víctimas de las violaciones a los derechos humanos que se han producido en el contexto de las protestas sociales en el país, ya que hasta el momento no se han iniciado investigaciones que cumplan los estándares internacionales en materia de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición; esto es, independientes, imparciales, efectivas y transparentes. En este sentido, las medidas legislativas aprobadas hasta el momento son incompatibles con dichos estándares, como han advertido la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Es el caso de la Ley sobre Diálogo, Reconciliación y Paz, aprobada el 24 de enero de 2019, y de la Ley de Atención Integral a Víctimas, aprobada el 29 de mayo. Ésta, aunque tiene como objetivo regular la reparación integral de las víctimas y sus familiares, se limita a establecer una política general de acceso a servicios de educación, vivienda, trabajo y salud.
Además, es extremadamente preocupante la Ley de Amnistía que ha aprobado el gobierno el pasado 8 de junio, ya que de su ambigua e imprecisa redacción se desprende que impediría el procesamiento por las graves violaciones de derechos humanos, y por tanto la impunidad de las mismas.
Por tanto, las liberaciones de los últimos días no pueden hacer decaer la presión de la comunidad internacional para exigir la libertad de todos los que continúan recluidos, el archivo de los procesos judiciales en su contra, el regreso seguro de los exiliados, y el acceso a la justicia por las violaciones de derechos humanos.
Además, hay que recordar que la acción represiva desplegada no sólo se saldó con detenciones arbitrarias, sino también con 300 personas fallecidas y 2000 heridas, y desapariciones forzadas y torturas, entre otros delitos, como documentó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en su informe “Violaciones de Derechos Humanos y abusos en el contexto de las protestas en Nicaragua”.
Para proteger y garantizar el respeto a los derechos humanos de los nicaragüenses, el Gobierno debe permitir la entrada al país, sin fisuras, de la Oficina de la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y de las organizaciones de la sociedad civil. Igualmente, los estados deben tomar medidas diplomáticas contundentes en proporción a la gravedad de la situación, incluyendo comunicados públicos, llamadas a consultas de las representaciones diplomáticas de Nicaragua, la consideración de sanciones contra el régimen y la revisión de sus políticas de cooperación.

Madrid, 14 de junio de 2019

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Se CUMPLE 40 AÑOS DE LA LEGALIZACIÓN POR EL SUPREMO EL GRANDE ORIENTE ESPAÑOL

Grande Oriente Español. Gracias al esfuerzo de unos Hermanos se pudo legalizar el GRANDE ORIENTE ESPAÑOL. Única obediencia ya que existían otras que se formaron a partir de esta legalización y al olor de la reclamación de los bienes del Grande Oriente Español, que el Gran Maestre Francisco José Alonso (Juan Padilla) renuncio a ellos ante el deseo de algunas nuevas que se legalizaron sin tener historia para ello. Hay que recordar a los HH:: Gil de Tarradillas, Antonio García Borrajo, Mario Asensio, Francisco José Alonso y sufragaron los Abogados etc. Nadie más puede atribuirse ningún merito que no fuera del Grande Oriente Español. Hay que recordar que el Grande Oriente Español muchos años después firmo un compromiso con la Gran Logia de España para que la Gran Maestria fuera conjunta exclusivamente administrativamente y siendo Gran Maestre a perpetuidad Francisco José Alonso. Hace ahora 40 años, en mayo de 1979, la Masonería Española logró su legalización en España. En su caso no hubo gesto del Ejecutivo, como ocurrió dos años antes con la legalización del Partido Comunista de España. Los masones españoles tuvieron que pelear su derecho a existir en los tribunales, a la luz de la Constitución Española. El desaparecido Diario 16 fue el primero en dar la noticia, en su edición vespertina del 20 de mayo, como recuerda la hemeroteca de El País.

La Sala de lo Contencioso-Administrativo de la Audiencia Nacional anulaba la resolución del Ministerio del Interior que, en febrero, había negado al Grande Oriente Español su inscripción en el Registro Nacional de Asociaciones. La Audiencia Nacional consideraba que el Ministerio del Interior de Rodolfo Martín Villa no estaba habilitado para valorar la licitud de la Masonería “y menos para llevar a cabo un juicio de las verdaderas y supuestas ocultas intenciones de los que promueven su creación”. El Tribunal Supremo confirmaba en julio la sentencia. El derecho a la libre asociación reconocido por la nueva Constitución nos ampara y protege desde entonces por encima de las leyes fundamentales vigentes durante el franquismo.

AZAÑA UNA PASIÓN ESPAÑOLA

Texto que recomiendo que todos los MASONES deberían leer, así como leer las obras del Masón Don Manuel Azaña

Azaña, una pasión española

Selección de textos y adaptación de José María Marco, sobre una dramaturgia de José Luis Gómez

Espectáculo estrenado el 29 de junio de 1988 como producción del Centro Dramático Nacional (Madrid), y nuevamente el 19 de julio de 2000 como producción del Teatro de La Abadía (Madrid), en ambas ocasiones con dirección e interpretación de José Luis Gómez.

1. Dimisión a la Presidencia de la República

(Carta de dimisión de la Presidencia a Diego Martínez Barrio, 27 de febrero de 1939)

Collonges-sous-Salève
27 de febrero de 1939

Excelentísimo señor don Diego Martínez Barrio,
Presidente de las Cortes de la República Española, París.

Excelentísimo señor:
Desde que el general jefe del Estado Mayor Central me hizo saber que la guerra estaba perdida para la República, he cumplido el deber de recomendar al Gobierno el inmediato ajuste de una paz en condiciones humanitarias, para ahorrar a los defensores del régimen y al país entero nuevos y estériles sacrificios. Personalmente he trabajado en ese sentido cuanto mis limitados medios de acción permiten. Nada de positivo he logrado. El reconocimiento de un Gobierno legal en Burgos por parte de las potencias, singularmente Francia e Inglaterra, me priva de la representación jurídica necesaria para hacer oír de los Gobiernos extranjeros lo que es no solamente un dictado de mi conciencia de español, sino el anhelo profundo de la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Desaparecido el aparato político del Estado, carezco de los órganos de consejo y acción indispensables para la función presidencial de encauzar la actividad de gobierno. En condiciones tales, me es imposible conservar ese cargo, al que no renuncié el mismo día en que salí de España porque esperaba ver aprovechado este lapso de tiempo en bien de la paz.
Pongo, pues, en manos de vuestra excelencia, como Presidente de las Cortes, mi dimisión de Presidente de la República, a fin de que vuestra excelencia se digne darle la tramitación que sea procedente.

2. Cartas desde Francia

(Carta a Don Ángel Ossorio y Gallardo
Carta al doctor Gonzalo Lafora, 12 de julio de 1938
Carta a Esteban Salazar Chapela, 26 de febrero de 1940)

La Prasle, Collonges-sous-Salève
28 de junio de 1939

Señor don Ángel Ossorio,
Buenos Aires

Querido amigo:
Estamos instalados en una casa de hechura saboyana, algo vieja y bastante destartalada. A su espalda hay unas praderas, una frondosa arboleda y un huertecito, pertenecientes a la finca. Hemos llegado a ser aquí treinta y una personas; naturalmente, no cabían en la casa, y se han albergado en el pueblo. Además, tengo en Montpellier a mi hermana y a su marido, a las hijas y nietos de mi hermano, y a un cuñado de mi sobrina viuda. Otras diez personas. Esta aglomeración no puede, es claro, durar. Ha empezado a disgregarse. Cada despedida corta un lazo más con el pasado. Dentro de poco me quedaré en la estricta intimidad familiar y a solas con mis pensamientos.
La salida de España fue terrible. Estando ya los facciosos en Arenys y Granollers, la desbandada cobró una magnitud inconmensurable. Una muchedumbre enloquecida atascó las carreteras y los caminos, se desparramó por los atajos, en busca de la frontera. Paisanos y soldados, mujeres y viejos, funcionarios, jefes y oficiales, diputados y personas particulares, en toda suerte de vehículos: camiones, coches ligeros, carritos tirados por mulas, portando los ajuares más humildes, y hasta piezas de artillería motorizadas, cortaban una inmensa masa a pie, agolpándose todos contra la cadena fronteriza de la Junquera. El tapón humano se alargaba quince kilómetros por la carretera. Desesperación de no poder pasar, pánico, saqueos, y un temporal deshecho. Algunas mujeres malparieron en las cunetas. Algunos niños perecieron de frío o pisoteados. Las gentes quedaron acampadas al raso, y sin comer, en espera de que Francia abriera la puerta. Dejaban pasar a muy pocos, no sé ya cuál día se logró que ampliaran el permiso hasta unos miles de personas. Aún no había llegado a la raya el alud de los combatientes. El 15 de enero quedaban en línea y encuadrados setenta y ocho mil hombres. Según los datos oficiales, han pasado la frontera 220.000 soldados de todas las armas. Estas cifras le permitirán a usted formarse idea de la magnitud del desastre.
Estoy persuadido de que la historia de esta guerra, de sus antecedentes y resultados inmediatos, será una gigantesca mixtificación, y que las generaciones hoy vivientes nunca conocerán la verdad. Dudo que las venideras tengan más suerte, pero aunque la tengan, a nosotros ya no nos importará nada.
A mi juicio, si hemos de pasar como españoles de muerte a vida, si nuestro país no ha de ser un pudridero en que la victima y el verdugo se corrompan juntos, si ha de lograrse una transfiguración del espíritu nacional a favor del escarmiento apadrinado por la locura y la estulticia, será volviéndose de cara a la realidad del sentir español, que no puede haber desperdiciado la lección y aprovecharlo para fundar algo nuevo, quemando no solamente las bambalinas y los bastidores, sino la letra y la solfa de las representaciones caducadas. Confiemos en que habrá gente nueva capaz de entenderlo.

3. Don Quijote

(«Grandeza y miserias de la política», conferencia en El Sitio, en Bilbao, 21 de abril de 1934)

¿Cuál puede ser la disposición de hombres arribados a un cierto nivel de cultura y de ilustración, delante del pueblo? ¿Puede ser la actitud de Próspero, el aristócrata, delante de la casi animalidad de Calibán? No. No es eso. Nosotros tenemos en España un pueblo superior a Calibán, portador de una cultura de la que apenas se da cuenta, pero que le pone en el alma un positivo valor moral, del que pocos se han acordado hasta nuestros días. ¡Ah!, pero se han acordado los poetas. Nosotros tenemos nuestra mitología nacional: el ejemplo del señor y del labrador, el ejemplo del caballero y el escudero. Entre Don Quijote y Sancho hay una continuidad de sentires, una fácil comunicación, que se debe a la simpatía creadora, fundente de las almas.
Nosotros hemos propuesto al país español, y es la fuente de la emoción política que nos sostiene en pie —la que me sostiene en pie, ¿por qué no lo voy a decir en primera persona?— la que apaga y destruye todas las miserias de la política; nosotros hemos propuesto al pueblo español una obra que en la concepción es gigantesca y en la ejecución dificilísima. ¿Y con qué medios? Pues con casi ninguno. Yo, por mí, no tengo ninguno. No tengo más que la efusión en lo que tenga de comunicativa; quijotismo mayor no cabe. Pero esa es nuestra locura, esa es nuestra vocación y ese es nuestro propósito.
Locura fue el 14 de abril, cuando una muchedumbre madrileña, frenética de alegría y de triunfo, nos llevó a un Gobierno que no sabíamos por dónde había de comenzar. Y locura ha sido nuestro nuevo llamamiento al espíritu español, locura que todavía no saben las gentes adónde nos va a llevar. Yo sí lo sé. Yo sé que nos debería llevar a otro anochecido de otro día madrileño, palpitantes las muchedumbres de entusiasmo y determinación, a llamar a las puertas del poder español, diciendo: «Aquí está el pueblo español, que no ha tomado una venta por castillo, como Don Quijote, pero que tampoco está dispuesto a que los castillos se conviertan en ventas.»
Esa es nuestra locura, la mía sobre todo; esta es mi sinrazón. Podemos ser vencidos, pero yo os aseguro que de esta locura y de esta sinrazón no me pienso convertir ni en la hora de la muerte.

4. Debate de los enojos

(Última sesión de las Cortes Constituyentes, 3 de octubre de 1933)

El señor Lerroux ha trazado una línea de mi biografía política, en la que, la verdad, no me ha maltratado demasiado. El señor Lerroux quería, en otros tiempos, domesticarme, digámoslo francamente. Había llegado a sus oídos que yo era una persona semisalvaje, y él quiso domesticarme. La verdad, señor Lerroux, es que, en efecto, yo soy el hombre que no ha sido domesticado jamás por nadie. Yo no sé si necesitaré que me domestiquen; educado sí estoy, pero domesticado, jamás, ni por nada ni por nadie.
Señor Lerroux, al cabo de dos años de tratarme su señoría, al cabo de tanto tiempo, su señoría me ignora profundamente. Me achaca su señoría todas las taras, todas las equivocaciones de la política personalista. ¡Yo, político personalista! ¡Yo, ambicioso! Pero si yo hubiese sido ambicioso, ¿cree su señoría que me hubiese pasado bastantes años en una biblioteca escribiendo libros que no le importan a nadie, ni a mí mismo que los escribía? ¿Esa es la conducta de un hombre ambicioso?
¿Cree su señoría que si yo hubiese sido un hombre ambicioso, habiendo tenido un Parlamento adicto hasta el entusiasmo, y un Gobierno compenetrado con mi pensamiento y con mi obra, sometido a todas las pruebas y que nunca quebró, porque he tenido casi los plenos poderes, y sin casi, mientras no se votó la Constitución; cree su señoría que si yo no hubiese sido un hombre de sensibilidad y probidad y de sentimientos republicanos indesarraigables, con un amor a la patria que está identificado con mi propia vida, su señoría estaría sentado en ese banco?
¿Es que hay derecho a que se me trate de esa manera y se me quiera dejar en el concepto de los señores diputados y en el concepto público como un hombre malicioso, perverso, que le ha minado el terreno a su señoría? ¿Pero cree su señoría que a mí me estorba? No; a mí no me estorba nadie, señor Lerroux, por dos razones: en primer lugar, porque yo, en el fondo, tengo de mi raza el ascetismo; todas las cosas de la vida las tengo ya echadas a la espalda hace muchísimos años, y habiendo gozado de casi todas, me son absolutamente indiferentes; en segundo lugar, porque tengo del demonio la soberbia, y a un hombre soberbio nadie le estorba.

5. Lo que dicen de mí

(Selección de textos de «El debate», «El siglo futuro» y «Memorias íntimas de Azaña» de Joaquín Arrarás)

¡Beethoven! ¿Saben por qué hablé tan a gusto en el discurso de ayer? Acababa de escuchar la 41 de Mozart.
Cobarde, soberbio, dictador, me llaman. Desconozco la risa, la alegría, el amor, el optimismo. Aun la primavera ignoro. «Personifico», según escriben, «la política del rencor, fría estampa de la desgracia, espectro de la mente de esta infeliz nación. Ni perdón, ni olvido. Nada de generosidad.» Otros se muestran mas benignos. Pero claro, el ogro, el monstruo que pintan «no cree en nada». «Camina solitario, torvo y desconfiado como una hiena.» Animales, los he sido todos: pavo real, cuando estrené mi obra de teatro La Corona, y luego serpiente, reptil, nido de alacranes, ¡oruga incluso! Cabalmente, «oruga repulsiva de la España roja». Me han aconsejado que me ahorque con el Collar de la República y ni siquiera mi muerte les hizo cejar en el empeño: «Bolsa de odios y fracasos, vejiga de hiel a quien la revolución elevó al pedestal del Poder, para que ensayase la fuerza de la envidia y de la vanidad que lleva en su alma de déspota y experimente sobre todo un país su sevicia y sus aberraciones.»

(«Mi rebelión en Barcelona», 1935)

Eso han dicho de mí. Pero no importa. Me gusta ser tratado con injusticia. Si es perfecta, la injusticia penetra en mi ánimo con fuerza de demostración, de confirmación rotunda. Su efecto inmediato, paladeada la amargura, consiste en poner claridad y orden en el espíritu. Y si proviene de una conciencia lúcida, vidente, con intención dañada de hacer mal, la injusticia arriba a perfección cobra hermosura siniestra y alumbra con luz fría el ánimo en que se aposenta y la padece. ¡He ahí el gozo inefable de sentirse anegado en el puro mal!

6. Entrevista

(«Memorias», julio, agosto, septiembre y diciembre de 1931
Carta a José María Vicario, Madrid, 26 de febrero de 1901
«La libertad de asociación», 1902
Discurso sobre el artículo 26 de la Constitución, Cortes, 13 de octubre de 1931
«El estado republicano y la revolución», artículo de 1939
«Memorias», noviembre de 1937)

Cuando usted lo desee podemos empezar.

(¿Valió la pena la experiencia de gobierno?)

Sí, claro que valió la pena todo aquello. Sobre todo, vivir por dentro la experiencia de la revolución y el Gobierno republicano. A veces me he divertido, locamente, otras no tanto. Por momentos tuve incluso ganas de inhibirme, de renunciar, como me he inhibido y he renunciado en tantas ocasiones. Pero triste, lo que se dice triste, no lo he estado nunca.

(¿No echaba usted de menos los libros, la vida intelectual?)

Me permito recordarle que lo que yo hago aquí es prestarle mi voz a don Manuel Azaña, servir de soporte a su palabra. Dicho esto, volvamos a lo nuestro. Más que los libros o la vida intelectual, lo que echaba de menos era la soledad, aquella tristeza antigua que se parecía tanto a la esperanza. Las tardes que pasaba leyendo en la sala baja de mi casa en Alcalá, olvidado del mundo. Entonces, cuando yo no era nadie, era íntimamente más de lo que luego he sido. Con frecuencia pensaba que me gustaría salir de la política inopinadamente, sin ruido. Ya ha visto usted que fue bien distinto.

(¿Era usted, por lo que dice, un joven estudioso y callado?)

¡Claro que no! Eso de mi mocedad estudiosa, de mis años jóvenes enterrados en la biblioteca del Ateneo es una solemne tontería. Algunos creen halagarme escribiendo o contando cosas así. Madrid, a principios de siglo… ¡Madrid era el comienzo de la vida! Y aunque yo era pasante en el bufete de un abogado —también lo era, y allí mismo, don Niceto Alcalá Zamora— y aunque asistía de oyente a las clases de don Francisco Giner de los Ríos, no iba a desperdiciar aquellos años apolillándome entre mamotretos. Íbamos a los bailes —los bailes de disfraces—, los cafés, las tertulias… Allí nos hartábamos de reír de todo. Era después del 98 y la materia sobraba…

(¿Es verdad que a usted le gustaban mucho los bailes de disfraces?)

Una noche conté, en el palco que ocupábamos con unos amigos, veinticuatro botellas de champagne y seis de manzanilla. Uno se bailó un can-can en medio del patio de butacas, habilitado, como usted sabe, para pista de baile. Cuando se acabaron las serpentinas, volaron por los aires las medias noches y los panecillos de Viena. Nuestra barbarie era pavorosa.

(¿Iba mucho al teatro?)

Yo nunca he dejado de ir a los conciertos y a los teatros. Sabrá usted que escribí varias cosas para la escena, de entre ellas un drama, La Corona, que casi nadie ha leído. Por suerte, tal vez.

(«La Corona» se estrenó en Barcelona, en el 31. ¿Le gustó a usted aquella función?)

Efectivamente, La Corona se estrenó en Barcelona, en el 31. Y la verdad es que la función no me gustó nada. Salí del teatro disgustadísimo. Margarita Xirgu estaba bastante bien, aunque tiraba un poco por el lado llorón. Los demás… A muchos actores españoles se les resiste incluso hablar en buen castellano. Ya lo decía Valle-Inclán. Prefieren el baturrillo de Benavente, en que lo mismo da una palabra que otra…

(Pero usted tiene fama de clerófobo.)

¿Que le hable de mi clerofobia? Pero si yo nunca he sentido particular aversión por los curas. A principios de siglo, cuando Galdós estrenó la Electra, en el Español, yo pronuncié mi primer discurso en la Academia de Jurisprudencia de Madrid. Allí todas las noches se pedía «carne de cura». Pues bien, en ese discurso que le digo yo defendí los votos religiosos. Afirmé incluso que los votos —el de castidad, el de pobreza, el de obediencia— son el uso más sublime que de la libertad individual puede hacerse.

(No es eso lo que afirmó usted durante la República.)

Claro que no. Luego llegué a pensar de forma muy distinta. En rigor, la obligación de las órdenes religiosas, en virtud de su dogma, es enseñar todo lo que es contrario a los principios en que se funda el Estado. Por eso preconicé la proscripción de la enseñanza confesional.

(¿Qué quiso decir con su frase «España ha dejado de ser católica»?)

Algo bien sencillo. Cuando yo dije «España ha dejado de ser católica», no hablaba de un problema religioso, un problema que no excede nunca los límites de la conciencia personal y en el que el Estado no tiene por qué intervenir. Estaba planteando la premisa de un problema político. Y ese problema político consistía en organizar el Estado de acuerdo con una fase nueva e histórica del pueblo español. En los siglos XVI y XVII, España era católica. Más aún, España creó un catolicismo a su imagen y semejanza y yo diría incluso que el catolicismo le debe más a España que no España al catolicismo. Pero la situación era y es hoy exactamente inversa. Yo no discuto, ni discutí entonces que hubiera en mi país millones de creyentes. Por supuesto que no les iba a coartar en sus creencias y en sus ritos. Sí digo que el esfuerzo creador español, el rumbo que seguía y que sigue la cultura española, no son ya los de antes, ni tienen el arraigo católico que antes tuvieron. Y a una cultura laica, corresponde un Estado laico. No sé si usted sabrá que también evité, con aquel discurso, la proscripción de todas las órdenes religiosas. Me parecía ridículo enviar a los agentes de la República a clausurar conventos de monjas, las bernardas de Talavera o las clarisas de Sevilla… Pobres mujeres…

(¿Es verdad que una vez habló usted de la «trituración» del ejercito?)

Y seguimos con las frasecitas… No, mire usted, yo nunca dije eso de la «trituración del ejercito». Cuando fui Ministro de la Guerra únicamente tuve la pretensión de que la reorganización militar en España abriera el campo para cualquier ejército que la República pudiera necesitar, fuera cual fuera el carácter político que la República tomara en lo por venir.
Y uno de los obstáculos más serios que tuve en ese empeño fue la falta de personal. Creé importantísimos cargos militares y no tenía con quién proveerlos. Apenas podía encontrar dos o tres personas discretas. Incluso Sanjurjo, fíjese bien de quien le hablo, decía, refiriéndose al general Franco: «No es que sea un Napoleón, pero dado lo que hay…» No creo que mis continuadores en el cargo se hayan encontrado con una situación tan difícil.

(¿Conoció usted al general Francisco Franco?)

Sí. Al general Franco le recibí en varias ocasiones, una vez después de que pronunciara una alocución en la Academia de Zaragoza. Le expliqué que me había dado un disgusto y él pretendió sincerarse, un poco hipócritamente. Hizo protestas de lealtad, de respeto al régimen constituido. El mismo respeto que, según dijo, había guardado a la monarquía. En el fondo, Franco era el más temible. Esto lo escribí en mis Memorias, en 1931.

(Usted impulsó el Estatuto de Cataluña…)

Yo defendí personalmente en las Cortes el Estatuto de Cataluña. Fue uno de mis discursos preferidos. Yo confiaba… Un personaje de mi conocimiento afirmaba, como una ley de la historia de España, la necesidad de bombardear Barcelona cada cincuenta años… ¡Qué barbaridad!

(Con esa frase no habría conseguido el apoyo de los catalanes.)

No. Yo siempre fui amigo de Cataluña. Incluso iba a catalanizarme el riñón con las aguas termales de un balneario, cerca de Barcelona. Otra cosa es la política catalana. Y otra muy distinta los políticos de Cataluña. Durante la guerra asaltaron la frontera, las aduanas, Montjuic, los cuarteles… Se emitieron billetes sin consultar ni prevenir al Gobierno. Crearon la Consejería de Defensa, e incluso, se dijo, el Ejercito catalán… y cuando la República consiguió reorganizar su ejército se le consideró en Cataluña y en el País Vasco un ejército de ocupación… Salvo que la situación social era mucho menos revuelta en el País Vasco que en Cataluña, la posición de su Gobierno respecto del de la República, se parecía mucho a la del Gobierno catalán, y en las relaciones con el exterior la acentuó.

(Eso refuerza la idea de que Cataluña tiene identidad propia.)

Mire, Cataluña y el País Vasco iban a correr y corrieron en la guerra, como siempre, la misma suerte que el resto de España.

(Habiendo previsto su actitud con tanta antelación, ¿cómo es que no supo detener a Franco?)

El problema de fondo no consistió solo en la sublevación militar encabezada por Franco contra la República. En aquellos días de julio del 36, el problema también estuvo en la descomposición, la pérdida de autoridad del Estado. El Estado era todavía muy débil; acababa casi de nacer. En vez de integrarse en el ejército republicano, millares y millares de combatientes prefirieron alistarse en las milicias populares, organizadas por los partidos y los sindicatos. El Gobierno, en aquellos momentos, tan solo disponía del poder de la disuasión y tuve que convocar a todos para defender la República. Las atrocidades cometidas en nuestro campo (que no pueden compensarse con las del campo faccioso), la «revolución» sindical, las felonías de los separatistas vascos y catalanes, que se aprovecharon de la guerra para ser desleales a España e ingratos con la República que había promulgado sus estatutos de autonomía, han podido regalar al enemigo motivos de justificación, si todo ello no fuese consecuencia misma del hecho de la rebelión militar. Escúcheme bien; la legitimidad imprescriptible que los republicanos podemos invocar, consiste en el derecho de los españoles a elegir libremente el gobierno que nos plazca, y a vivir en nuestra patria con las garantías democráticas pertenecientes a hombres civilizados. Y hay algo fundamental para el futuro: el régimen que nazca de esas condiciones, y las respete, será legítimo.

(¿Qué Estado quiso construir la República?)

El Estado que la República quería construir era un Estado moderno, un estado definidor de derechos, instrumento de progreso y de justicia. Esa es la principal misión del Estado. Pero el Estado debe ser, además, propugnador y defensor de la cultura. Lo peor de todo es el desamor a las cosas, y la falta de continuidad. Una institución se degrada si entre sus fines primordiales no se cuenta el de inculcar la religión de las cosas nobles y venerables que están bajo su acción y el de crear otras nuevas. En España esta es la obligación primordial del Estado, porque nadie, nadie puede reemplazarlo ni suplir lo que él no haga en ese orden.

7. La República y el Estado

(«Memorias», 16 de noviembre de 1937)

La República no puede ser solo un sentimiento político ni una idea política. No le basta con fundar un régimen, con dictar una constitución, con gobernar con más o menos acierto. No; hay una relación del hombre con el régimen, hay un enlace de la conciencia personal con el deber público, y este enlace es el que hay que robustecer y mantener a toda costa. La República tiene que ser una escuela de civilidad moral y de abnegación pública, es decir de civismo. La relación entre el hombre y el bien público se establece a través del Estado, y servir al Estado, someterse al Estado, negar la persona propia delante del Estado, es la expresión concreta del espíritu republicano. Merced a la República puede haber un Estado en España. Antes no lo había, porque la persona del rey y la dinastía misma se interponían ante la concepción abstracta del Estado, y se hablaba de servir al rey, o de intereses del rey o de la Corona, dejando en segundo término los intereses permanentes del Estado español. Pero esto ha cambiado y ahora puede haber Estado, y el Estado, que es la concepción más alta del espíritu humano en el orden político, es nuestro guía y nuestro rector. Servimos al Estado sin esperanza de recompensa, sin derecho a recompensa alguna, sin más satisfacción que la interior de haber cumplido con el deber, y el que no entienda esta abnegación no entiende nada de su relación con el bien público.

8. España y la República

(«El genio político de Castilla y los destinos de la República», discurso en Valladolid, 14 de noviembre de 1932)

Nosotros hemos venido a reanudar una tradición, la tradición de los comienzos de la edad moderna de España, cuando las ilustres ciudades castellanas querían regirse al modo de las ciudades y repúblicas italianas. Hay una tradición popular republicana, libertadora, en el espíritu español, y nosotros queremos reivindicarla, ponerla en pie y engrandecerla. A esa fuente escondida, maltratada, pisoteada, es a lo que hago yo un llamamiento. Y siendo yo un hombre salido de los libros, como dicen, sabiendo yo que solo la participación de España en la cultura es lo que nos puede dar un nombre en el mundo, junto a eso se halla este otro manantial del espíritu español, que es lo que hay que abrir a la esperanza.

9. La República democrática

(«La República como forma de ser universal», alocución ante la Asamblea de Acción Republicana, 28 de marzo de 1932)

La República le es tan necesaria al proletariado como a la burguesía liberal, pero nosotros no tenemos el pensamiento ni los socialistas tienen ahora la ambición de que nuestra fuerza común concluya en una República socialista. Pensamos en una República burguesa y parlamentaria, tan radical como los republicanos más radicales consigamos que sea, si tenemos opinión y votos para ello. La República debe servir de instrumento para el progreso político y la justicia social.
Y hay una regla general que yo proclamo aquí: la República española tendrá que ser no solo respetuosa con los derechos del trabajo, y garantía de sus reivindicaciones, sino propulsor y estímulo en la obra de despertar las conciencias más atrasadas y de levantarlas a un rango superior de humanidad y de ciudadanía.
La República será democrática, o no será. De esta manera nosotros venimos al encuentro del país, no como estériles agitadores, sino como gobernantes; no para subvertir el orden, sino para restaurarlo; no para comprometer el porvenir de la nación, sino como la última reserva de esperanza que le queda a España de verse bien gobernada y administrada, de hacer una política nacional. Lo que queremos es restablecer la equivalencia del hombre libre y ciudadano español.

10. El arte y la política

(«Llamada al combate», alocución en el banquete republicano con motivo del aniversario de la Primera República, 2 de febrero de 1930)

La política consiste en realizar. La política se parece al arte en ser creación. La creación que se plasma en formas sacadas de nuestra inspiración, de nuestra sensibilidad, y logradas por nuestra energía. La política es, pues, confianza en el esfuerzo, optimismo. No hay política de hombres desengañados, que no quieren arriesgarse a fracasar; la política está reñida con el esnobismo. Desechamos la opresión del pasado y las añoranzas históricas. De frente a la realidad, por adversa que parezca, hemos de modelarla con nuestras propias manos.
Tal es la semejanza de la política y el arte; en su virtud, la pasión política prende con facilidad en los más sensibles. Nosotros decimos que el hombre es ciudadano, pero los más de los hombres no lo saben. Hacérselo saber y entender es admirable cebo para la facultad creadora, para el acercamiento desinteresado de la inteligencia a los problemas políticos.
Hablo de política en su acepción más noble, eterna. Tal como yo la pongo, esa sensibilidad es rara. Se conquista a fuerza de ilustración, de generosidad y de experiencia; pero el ánimo generoso y humanizado es el punto más alto de la cultura personal, equivalente en el orden cívico a la santidad.

11. Entrevista (segunda parte)

(Conferencia «Cervantes y la invención del Quijote», Madrid, 1930
Artículo «Nota sobre un baile español», 28 de febrero de 1920
«Cuaderno de notas», 1920
Novela «El jardín de los frailes», 1927
«Memorias», junio de 1937)

(¿La santidad de Don Quijote?)

¿La misma santidad que Don Quijote, dice usted? No. Más que la santidad, o la fe, lo que resuena en el Quijote es España. Es Unamuno quien pinta a Don Quijote como un santo. Lo aísla del entorno, del paisaje y lo deja solo, clavado en la cruz, como si de Cristo se tratara. Pero en mi opinión, Don Quijote no podría ser si se retira la sustancia realista que lo envuelve. La acción se apoya en los objetos. Las cosas no están aludidas. Están ahí, representadas, ocupando sitio.
Mire, en 1920 asistí en la Ópera de París al estreno de El sombrero de tres picos, el ballet de Falla. El público estaba sobrecogido. Cuando acabó la función, estalló en aplausos, como para liberarse de una emoción demasiado fuerte. Falla estaba muy contento, claro. Pero yo lo estaba casi más. Había encontrado un hombre que sabe dónde está el manantial puro, y que bebe en él. En la obra de Falla hay, por supuesto, un número más que suficiente de ideas y emociones generales. Pero… contiene además otras representaciones más profundas, como si nos revelara lo que podríamos llamar la voz de la sangre. Lo que hace el artista es sorprendernos en nuestra soberbia intelectual y forzarnos a oír unas voces tristes, humildes. Son como las voces de un hermano inferior, irracional. Un hermano al que, para vivir nosotros, tuviéramos encadenado en una mazmorra.
Esas fueron las voces que Falla me forzó a escuchar. Yo sentía la misma impresión que produce la lectura del Quijote cuando pienso en ese pueblo que bulle en torno a los héroes, ese pueblo que les acompaña en su pasión lastimosa.
En realidad, para gustar hasta la última gota de ese raudal de poesía que es el Quijote es preciso ser español. Es preciso ser español porque lo más fuerte del Quijote es el tumulto de evocaciones españolas que corren por el fondo del libro, empapado como está del alma y de la tierra de nuestra nación. Cervantes llega de golpe a lo esencial. Desde que escribiera el Quijote, ha pasado la casa de Austria, pasó la monarquía católica e imperial. Y en Daganzo, ahí, cerca de Madrid, gobiernan todavía los alcaldes que Cervantes vio elegir. Me consta; son mis amigos. El Quijote ha creado la realidad española. Nosotros le debemos una parte de nuestra vida espiritual. Somos criaturas cervantinas. En estas condiciones, ¿quién es el loco que intentaría desnacionalizarnos?

(¿Es esa España la que usted invocaba en sus discursos?)

Cuando yo hablaba de paz, de libertad, de independencia del espíritu, no estaba recitando textos librescos, ni mociones de congresos políticos. Expresaba la traducción de observaciones que tenían expresión plástica inmediata en la vida cotidiana de mi país. Eran observaciones impregnadas de olores y sabores terrícolas, del Madrid vocinglero de mis andanzas juveniles, del pueblecito pastor o de la calma fría de la Morcuera… Me respondieron con insultos y fusiles, invocando una España abstracta y descarnada, una tradición que solo destila odio, palabras que no significan sentidos de nadie…

12. Fresdeval

(Novela «Fresdeval», 1930)

La campiña remonta en suave declive hacia la sierra. Se ven los cauces henchidos por los turbiones de primavera, que enrojecen el agua de nieve; las delgadas hileras de chopos, los espesos escuadrones de olmos; los planos de sembradura, verde limón, entre barbechos sangre de toro. De Ocejón a Gredos, las sierras encadenan sus bultos corpulentos, agrandados en torres, catedrales de nubes.
Cerca, unos olivos desamparados evocan leyendas de ternura, sudor de sangre, una plegaria. Lejos, la silueta andante de un labrador.
Es noche cerrada. Desde el borde del alcor, el viñedo nevado en luna y la onda del suelo en tinieblas descienden a la vega. La luz prestigiosa cura de realismo la forma concreta de los cerros, las alamedas del río. Les presta con mágica virtud lo que no tienen: misterio, tenuidad. Cendales de plata se alargan por el valle, en volutas gaseosas. Brilla en el río un rayo de oro. Los seres de la fantasía, reinante en la noche de una tierra sin sueños, ¿vendrán sobre ella con música y danza leves, como este escenario pide?

13. Desarraigar la violencia

(Declaración ministerial, discurso en las Cortes, 15 de abril de 1936)

Lo que nosotros quisiéramos, señores diputados, es que nuestra obra —la nuestra, hoy; la de otros mañana— transcurriese con todas las dificultades y fracasos que son inherentes a cualquier política —cuando uno hace política desde aquí ya sabe que está llamado a fracasar—, que transcurriese con esas dificultades y trabajos, pero que contribuyéramos lo suficiente para que se desarraigara de entre nosotros la apelación cotidiana a la violencia física. Ya sé yo que estando arraigada como está en el carácter español la violencia, no se puede proscribir por decreto; pero es conforme a nuestros sentimientos más íntimos el desear que haya sonado la hora en que los españoles dejen de fusilarse los unos a los otros. Nadie tome estas palabras por apocamiento ni por exhalación de un ser pusilánime (que se cohíbe o se encoge delante de los peligros que pueda correr el régimen que está encomendado a su defensa). No. Nosotros no hemos venido a presidir una guerra civil; más bien hemos venido a evitarla; pero si alguien la provoca, si alguien la mantiene, si alguien la costea en la forma en que en nuestro tiempo puede sostenerse una guerra civil, nuestro deber, señores diputados, tranquila y sonrientemente, estará siempre al lado del Estado republicano.

(Discurso en el Ayuntamiento de Valencia, 21 de enero de 1921)

Vendrá la paz, y espero que la alegría os colme a todos vosotros. A mí, no. Permitidme decir esta terrible confesión porque desde este sitio no se cosechan, en circunstancias como esta, más que terribles sufrimientos, torturas del ánimo de español y de mis sentimientos de republicano. Ninguno de nosotros hemos querido este tremendo destino. Ninguno lo hemos querido. Hemos cumplido el terrible deber de ponernos a la altura de este destino. Vendrá la paz y vendrá la victoria; pero la victoria será una victoria impersonal: la victoria de la ley, la victoria del pueblo, la victoria de la República. No será el triunfo de un caudillo, porque la República no los tiene. Será una victoria impersonal, porque no será el triunfo de ninguno de nosotros, ni de nuestros partidos, ni de nuestras organizaciones. Será el triunfo de la libertad, el triunfo de los derechos del pueblo, el triunfo de entidades morales delante de las cuales nos inclinamos.
No será un triunfo personal, porque cuando se tiene el dolor español que yo tengo en el alma, no se triunfa personalmente contra compatriotas. Y cuando vuestro primer magistrado erija el trofeo de la victoria, su corazón de español se romperá, y nunca se sabrá quién ha sufrido más por la libertad de España.

14. Juicio sobre sí mismo

(Borrador de «La velada en Benicarló», 1939)

Un error fundamental advierto, no en su conducta, sino en su actitud: cree que la política es igual al arte. Lo recuerdo de un discurso suyo: la política, como el arte, es una creación. Creo que son sus mismas palabras. Pues bien: es falso. El arte procede solo de la actividad independiente del espíritu. El arte maneja valores limitados, despersonalizados. No hay más personalismo que el del artista. La política es muy otra cosa. Maneja realidades que el político no elige. Maneja hombres, pasiones que no se recortan a su capricho. Conducir hombres es distinto de escribir comedias. Su defecto es ser demasiado artista. De ahí proviene su serenidad, su certidumbre de iluminado, y su imponente desdén. Vence en los empeños más fuertes, y se le han comido crudo en los más pequeños.
(Estas palabras son, como no podía ser menos, de don Manuel Azaña.)
En tiempos venideros, variados los nombres de las cosas, esquilmados muchos conceptos, los españoles comprenderán mal por qué sus antepasados se han batido entre sí más de dos años; pero el drama subsistirá, si el carácter español conserva entonces su trágica capacidad de violencia apasionada. Percibirlo así, una vez más, en la plenitud de la furia fraticida, ha llevado al ánimo de algunas personas a tocar desesperadamente en el fondo de la nada.

15. Manuel Azaña Díaz

Nació en Alcalá de Henares, calle de la Imagen nº 3, el 10 de enero de 1880.
Hijo de Esteban Azaña y Catarinéu y de Josefa Díaz-Gallo y Muguruza.
Doctor en Derecho.
Funcionario de la Dirección General de los Registros y del Notariado del Ministerio de Gracia y Justicia.
Ministro de la Guerra entre 1931 y 1933.
Presidente del Gobierno.
Presidente de la República entre 1936 y 1939.
Falleció en Montauban (Francia), el 3 de noviembre de 1940.

Carta a su Santidad Papa Francisco

En ocasión a la próxima visita de Su Santidad al Reino de Marruecos, en defensa de los Derechos del Pueblo Saharaui, he remitido en nombre de la Gran Maestria Ad Vitam del Grande Oriente Español Carta al Papa Francisco pidiendo su mediación para poner fin al conflicto histórico que aqueja al Sahara Occidental.

Juan Padilla

 

Carta a su santidad Papa Francisco

GRANDE ORIENTE ESPAÑOL- FEDERACIÓN DEL GRANDE ORIENTE ESPAÑOL Y SUPREMO CONSEJO DEL GRADO 33 DEL GRANDE ORIENTE ESPAÑOL

 

VERDAD, JUSTICIA Y HONOR
En el 40 aniversario de la restauración de la Mosoneria en España, por Sentencia del Tribunal Supremo hay que decir la verdad los merecedores de dicha distinción con los Honores y Medallas son los Hermanos que pleitearon para conseguir la aprobación de nuevo en España. Los Hermanos Gil de Tarradillas, Borrajo, Juan Lara, Mario Asencio, Alonso, Villar Massó etc todos del Grande Oriente Español ,Obediencia con historia y trabajo en el exilio. Hay que abandonar las mentiras y los reconocimientos falsos . “La verdad nos hace libres” Los falsos programadores de méritos de otros que se los quieren apropiar. Antonio Villar Massó paso a la historia para unos como la persona que logro registrar oficialmente la primera obediencia Masónica en España. Grande Oriente Español, con las personas que cito aquí,. Todo lo contrario es falsear la realidad.