Acerca de Juan Padilla

Juan Padilla Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología Presidente – Gran Maestre Ad Vitam del Grande Oriente Español Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Del Grado 33 Del Grande Oriente Español. Presidente del Centro de Estudios Masónicos

APOO A PRO ACTIVA OPEN ARMS

ES NECESARIO SER PERSONAS QUE PIENSEN QUE TODOS FORMAMOS PARTE DE UN MUNDO UNIDO Y SOLIDARIO. “NO A LOS ENRIQUECIMIENTOS DE MUERTE” COMO DIRÍA EL PAPA FRANCISCO.
EN APOYO DE PRO ACTIVA OPEN ARMS
CIENTOS DE PERSONAS SIGUEN MURIENDO EN EL MEDITERRÁNEO CENTRAL
1 de febrero de 2019
La APDHE expresa públicamente su total apoyo y solidaridad con la ONG Proactiva Open Arms, cuyo barco Open Arms continúa atracado durante más de 20 días en el puerto de Barcelona, tras haberle sido denegado el permiso de salida por la Dirección General de la Marina Mercante, dependiente del Ministerio de Fomento.
La resolución denegatoria del despacho del buque Open Arms para realizar labores de observación y vigilancia en el Mediterráneo Central, señala el incumplimiento de una serie de convenciones internacionales sobre Derecho del Mar y afirma que el barco Open Arms no desembarcó a las personas rescatadas del mar en el puerto seguro más cercano y en un plazo razonable “sea esto por responsabilidad directa del buque, o bien por causa de las autoridades responsables de las zonas SAR”.
Si el Open Arms no ha podido desembarcar en el puerto seguro más cercano, esto es, Italia o Malta (es notorio que el puerto de Libia no ofrece la más mínima seguridad), es porque estos países europeos están impidiendo desde hace meses, que en sus puertos atraquen barcos con personas migrantes y refugiadas a bordo, obligando así al Open Arms a cruzar el Mediterráneo durante días desde su zona de operaciones para encontrar un lugar seguro.
La resolución no imputa al Open Arms responsabilidad por el incumplimiento de las convenciones internacionales, es más, la propia resolución señala que las autoridades responsables de la zona SAR (zona de búsqueda y rescate) no están asumiendo eficazmente su responsabilidad de coordinación y colaboración, no están garantizando que el buque sea liberado de sus obligaciones con una desviación mínima de su viaje, en definitiva, no están facilitando la llegada y salida de los buques dedicados al rescate de personas en peligro en el mar para brindarles un lugar seguro.
Resulta así desconcertante que el gobierno español obstaculice a través de esta resolución administrativa la salida del buque Open Arms impidiendo ya por más de tres semanas la continuidad de la encomiable labor que, desde 2015, viene realizando esta organización, rescatando a las personas migrantes y refugiadas que cruzan el mar Mediterráneo huyendo de terroríficas condiciones de vida y vulneraciones de derechos humanos en sus países de origen.
Esta labor es expresión de su compromiso con el derecho a la vida consagrado en el artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como el artículo 15 de la Constitución Española y la defensa de la vida por parte de esta organización le ha hecho merecedora, entre muchos otros, del Premio Derechos Humanos 2018 de la APDHE.
No olvidemos tampoco que el objetivo número ocho del muy reciente Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular es salvar vidas y emprender iniciativas internacionales coordinadas sobre los migrantes desaparecidos. De acuerdo con este Pacto Internacional firmado por 156 estados miembros de la ONU, incluida España, los estados se comprometen a mejorar su cooperación a la hora de salvar vidas de migrantes, así como a garantizar que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter “exclusivamente humanitario”.
Por ello, instamos al gobierno español a reconsiderar la decisión adoptada y le invitamos a que aproveche la oportunidad de hacer efectivo el compromiso que dice tener con los derechos humanos pues, impedir la salida del buque Open Arms conlleva no apoyar la defensa del derecho a las vidas que esta organización salva día tras día en el desarrollo de sus misiones.

COMUNICADO
EN APOYO DE PRO ACTIVA OPEN ARMS
CIENTOS DE PERSONAS SIGUEN MURIENDO EN EL MEDITERRÁNEO CENTRAL
1 de febrero de 2019
La APDHE expresa públicamente su total apoyo y solidaridad con la ONG Proactiva Open Arms, cuyo barco Open Arms continúa atracado durante más de 20 días en el puerto de Barcelona, tras haberle sido denegado el permiso de salida por la Dirección General de la Marina Mercante, dependiente del Ministerio de Fomento.
La resolución denegatoria del despacho del buque Open Arms para realizar labores de observación y vigilancia en el Mediterráneo Central, señala el incumplimiento de una serie de convenciones internacionales sobre Derecho del Mar y afirma que el barco Open Arms no desembarcó a las personas rescatadas del mar en el puerto seguro más cercano y en un plazo razonable “sea esto por responsabilidad directa del buque, o bien por causa de las autoridades responsables de las zonas SAR”.
Si el Open Arms no ha podido desembarcar en el puerto seguro más cercano, esto es, Italia o Malta (es notorio que el puerto de Libia no ofrece la más mínima seguridad), es porque estos países europeos están impidiendo desde hace meses, que en sus puertos atraquen barcos con personas migrantes y refugiadas a bordo, obligando así al Open Arms a cruzar el Mediterráneo durante días desde su zona de operaciones para encontrar un lugar seguro.
La resolución no imputa al Open Arms responsabilidad por el incumplimiento de las convenciones internacionales, es más, la propia resolución señala que las autoridades responsables de la zona SAR (zona de búsqueda y rescate) no están asumiendo eficazmente su responsabilidad de coordinación y colaboración, no están garantizando que el buque sea liberado de sus obligaciones con una desviación mínima de su viaje, en definitiva, no están facilitando la llegada y salida de los buques dedicados al rescate de personas en peligro en el mar para brindarles un lugar seguro.
Resulta así desconcertante que el gobierno español obstaculice a través de esta resolución administrativa la salida del buque Open Arms impidiendo ya por más de tres semanas la continuidad de la encomiable labor que, desde 2015, viene realizando esta organización, rescatando a las personas migrantes y refugiadas que cruzan el mar Mediterráneo huyendo de terroríficas condiciones de vida y vulneraciones de derechos humanos en sus países de origen.
Esta labor es expresión de su compromiso con el derecho a la vida consagrado en el artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como el artículo 15 de la Constitución Española y la defensa de la vida por parte de esta organización le ha hecho merecedora, entre muchos otros, del Premio Derechos Humanos 2018 de la APDHE.
No olvidemos tampoco que el objetivo número ocho del muy reciente Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular es salvar vidas y emprender iniciativas internacionales coordinadas sobre los migrantes desaparecidos. De acuerdo con este Pacto Internacional firmado por 156 estados miembros de la ONU, incluida España, los estados se comprometen a mejorar su cooperación a la hora de salvar vidas de migrantes, así como a garantizar que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter “exclusivamente humanitario”.
Por ello, instamos al gobierno español a reconsiderar la decisión adoptada y le invitamos a que aproveche la oportunidad de hacer efectivo el compromiso que dice tener con los derechos humanos pues, impedir la salida del buque Open Arms conlleva no apoyar la defensa del derecho a las vidas que esta organización salva día tras día en el desarrollo de sus misiones.

UN NUEVO Y DIFICIL CICLO NEGOCIADOR ENTRE MARRUECOS Y EL FRENTE POLISARIO EN GINEBRA 5 -6 DICIEMBRE 2018

Un nuevo y difícil ciclo negociador entre Marruecos y el Frente Polisario ¿Un nuevo fracaso?
DICIEMBRE 5, 2018

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Todo parece indicar que el próximo encuentro de los días 5 y 6 en Ginebra auspiciado por las Naciones Unidas, entre Marruecos y el Frente Polisario, con la presencia de Argelia y Mauritania, se dispone a intentar resolver, con alguna fórmula imaginativa, el enquistado conflicto del Sahara Occidental El actual enviado personal del Secretario general de la ONU para el Sahara, Ex Presidente de Alemania, Horst Köhler, tiene el mandato del Consejo de Seguridad y de Antonio Guterres como máxima autoridad de NU, de impulsar un nuevo proceso de negociación, una nueva oportunidad, para buscar una solución negociada, sin condiciones previas, al conflicto del Sahara Occidental, intentando desbloquear el proceso de descolonización inconcluso que se mantiene desde hace mas de 40 años y poner fin al actual “status quo”.
El problema principal ha sido la falta de voluntad clara y contundente del Consejo de Seguridad a la hora de aplicar sus Resoluciones, no la escasez de soluciones innovadoras. Durante siete años, el conflicto puso a prueba la imaginación y la paciencia de James Baker, enviado personal del Secretario general de la ONU al Sáhara Occidental entre 1997 y 2004. Baker perdió la confianza de Marruecos en enero de 2003, cuando propuso una solución basada en un referéndum que habría de votar entre la integración, la autonomía y la independencia. El siguiente enviado personal, el diplomático holandés Peter Van Walsum, solo duró tres años. Perdió la confianza del Polisario al sugerir que la opción de la independencia, aunque era aceptable según el derecho internacional, debería descartarse ya que el Consejo de Seguridad no iba a obligar a Marruecos a aceptarla o consentirla. Luego, el enviado de la ONU al Sáhara Occidental, el ex diplomático norteamericano Christopher Ross, designado por Ban Ki-moon en enero de 2009, sufrió un destino similar a sus predecesores explorando un inexistente intersticio entre Marruecos y el Polisario, no tuvo éxito y dimitió también, tras haber realizado varias reuniones para discutir las nuevas propuestas realizadas por las partes en 2007.
El actual mandato del Consejo de Seguridad es encontrar una solución políticamente aceptable por ambas partes, que permita la autodeterminación del Pueblo saharaui. Este mandato ha hecho que muchos observadores no salgan de su perplejidad… ¿Cómo pueden las partes llegar a un acuerdo para aplicar la doctrina de la autodeterminación?… Marruecos rechaza la opción de la independencia y quiere que su propuesta de autonomía se acepte como base de las negociaciones, descartando por tanto la independencia. El Polisario ha expresado su firme compromiso de cooperar con el nuevo emisario de la ONU para buscar una salida a la cuestión de descolonización que se rige por el principio de autodeterminación en el último territorio africano reconocido como “No Autónomo” por las NNUU.
Estas posiciones mutuamente excluyentes están reforzadas en el nivel regional y el internacional. Aunque Francia, el mejor aliado de Marruecos, y otros países que le apoyan, como España, no reconocen formalmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, creen que una retirada forzada de Marruecos del territorio desestabilizaría a este país “amigo”. Sin embargo, Marruecos se ha cerrado a si misma las puertas a cualquier solución de compromiso, rechazando otra solución distinta de la anexión.
Existe un clima creciente de búsqueda, singularmente entre Argelia y Marruecos de dialogo en la región, que debe animar al Gobierno español a implicarse más para encontrar, cuanto antes, una vía de resolución pacífica para el conflicto. La cuestión sufre un largo bloqueo con graves consecuencias en las difíciles relaciones entre los mismos países de la región, teniendo como telón de fondo el contencioso del Sahara Occidental, que afecta directamente a la política exterior del estado español en referencia con la estabilidad y desarrollo del Magreb.
Conviene no olvidar que en 1991 se firmó un “alto el fuego” entre el Frente Polisario y el Gobierno marroquí, con la mediación de la ONU y la Unión Africana (UA), tras una guerra de 16 años. La intención era aplicar un Plan de paz y hacer un referéndum de autodeterminación en el plazo de un año, lo que fue aprobado por unanimidad en el Consejo de Seguridad.
Desde sus inicios, la resistencia y unidad del Pueblo Saharaui fue, es y será, no solamente una reivindicación justa, sino también una lucha legítima. Así es hoy y así seguirá siendo porque se basa en los principios básicos de autodefensa y en el derecho que asiste a cada pueblo de defenderse con todos los medios a su alcance, frente al que ocupa su tierra ilegalmente, frente a quienes violan sistemáticamente los derechos humanos de personas civiles, se benefician de los recursos naturales del Sahara, en contra de todas las Resoluciones de las Naciones Unidas y de la Unión Africana, y de las últimas sentencias del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
Ya en la Resolución 34/37 de la 75 Asamblea de Naciones Unidas, en sesión plenaria del 21 de noviembre de 1979, “pedía encarecidamente a Marruecos que participe también en la dinámica de paz y ponga fin a la ocupación del Territorio del Sahara Occidental. Recomienda a tal efecto que el Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y de Rio de Oro, representante del pueblo del Sahara Occidental, participe plenamente en toda búsqueda de una solución política justa, duradera y definitiva de la cuestión del Sahara Occidental, de conformidad con las Resoluciones y recomendaciones de las Naciones Unidas, de la Organización de la Unidad Africana y de los países no alineados. Deplora profundamente la agravación de la situación como consecuencia de la persistente ocupación del Sahara Occidental por Marruecos y de laampliación de esa ocupación al territorio recientemente evacuado por Mauritania”. Han pasado casi 40 años de esta resolución y Marruecos sigue ocupando el Sahara Occidental.
40 años son suficientes de injusticia, dolor y exilio, es urgente buscar la forma de celebrar un referéndum permitiendo al pueblo saharaui ejercer democráticamente su derecho a la libre determinación, de conformidad con los principios y objetivos de la ONU, y así puedan volver a su Territorio, el Sahara Occidental.

EL CONSEJO DE DERECHOS HUMANOS DE LA ONU URGE LA LIBERTAD DE LOS PERIODISTAS PRESOS SAHARAUIS POR MARRUECOS

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Septiembre saharaui: EL Consejo de Derecho Humanos urge la libertad de los periodistas presos
Contramutis / hace 21 horas

• El organismo de la ONU Condena las torturas, detenciones y reclusiones arbitrarias de periodistas, sin mencionar casos concretos
• Seis periodistas saharauis cumplen en cárceles marroquíes severas condenas y dos esperan sentencia
Alfonso Lafarga.-
El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha condenado las torturas, asesinatos, desapariciones forzadas, detenciones y reclusiones arbitrarias de periodistas, e insta a que sean liberados “de inmediato y de manera incondicional”.
Ha sido en el 39 periodo de sesiones del Consejo de Derechos humanos, celebrado el mes de septiembre pasado en Ginebra, y del que España forma parte en el periodo 2018-2020.
Aunque la resolución, aprobada el 27 de septiembre, no especifica casos concretos ni países, hay un territorio en el se dan esos supuestos: el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos, donde seis periodistas cumplen severas condenas, acordadas en juicios sin garantías procesales ni pruebas incriminatorias, según han denunciado los observadores internacionales.
La resolución, que lleva por título “La seguridad de los periodistas” y ha sido copatrocinada por España, condena las agresiones y actos de violencia contra periodistas, “como torturas, asesinatos, desapariciones forzadas, detenciones y reclusiones arbitrarias, expulsiones, intimidaciones, amenazas y actos de acoso”.
El Consejo ha expresado su preocupación “por la aplicación indebida de leyes, políticas y prácticas nacionales” para obstaculizar o limitar la capacidad de los periodistas para llevar a cabo su labor de forma independiente y sin injerencias.
El organismo de Naciones Unidas insta a que se deje en libertad, “de inmediato y de manera incondicional”, a los periodistas “detenidos o recluidos arbitrariamente, tomados como rehenes o que hayan sido víctimas de desaparición forzada”.
Trabajo en clandestinidad
El Gobierno de España, que por boca del presidente Pedro Sánchez hizo una breve mención al conflicto del Sáhara en su intervención el 28 de septiembre en la Asamblea General de Naciones Unidas, no se ha pronunciado sobre la vulneración de los Derechos Humanos en la excolonia española, como fue el caso de la expulsión de dos abogados aragoneses el 30 de agosto de 2018, y menos aún sobre la persecución que sufren los informadores saharauis, que desde la clandestinidad luchan por romper el bloqueo informativo que impone Marruecos.
Seis periodistas saharauis se encuentran actualmente presos en cárceles marroquíes, muy lejos del sus ciudades de origen, en el Sáhara Occidental: Abdalhi Lekfuani, cumple una condena de cadena perpetua; Hassan Dah y Mohamed Lamin Haddi, con penas de 25 años de prisión cada uno; Bachir Khada, condenado a 20 años; Mohamed Banbari, a 6 y Saleh Lebsir, a 4.
Ha habido denuncias por torturas y malos tratos y varias huelgas de hambre. El pasado mes de agosto el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas pidió a Marruecos la inmediata puesta en libertad de Mohamed Banbari y afirmó que la detención y condena del reportero se debió a su actividad periodística.
A los seis presos hay que añadir el caso de los periodistas Mohamed Salem Mayara y Mohamed Aljomayaai, condenados el 3 de septiembre en primera instancia a dos años de reclusión, con seis meses de cumplimiento y en libertad desde el 27 de septiembre tras seis meses de privación de libertad. El Tribunal de Apelación elevó el 3 de octubre la ejecución de condena a los dos años de prisión y ahora están pendientes de lo que resuelva un tribunal de casación.
Según la abogada Inés Miranda, observadora internacional y miembro del Consejo General de la Abogacía Española, los periodistas fueron acusados de “constituirse en organización para delinquir” y “organizar una manifestación violenta” sin elementos probatorios y la condena se basó en la diligencia policial. La policía dijo que los periodistas fueron a una manifestación encapuchados, lo que ellos negaron señalando que informaban para “Smara News”.
En un informe del grupo de comunicación saharaui Equipe Média, creado en 2009, los periodistas sufren acoso y represión por parte de las autoridades marroquíes, que llevan a “detenciones, condenas, agresiones físicas y represalias” que pueden ser de tipo laboral y profesional. Las condenas a periodistas no lo son por delitos de opinión, sino por otros como “obstruir la circulación” o “atacar a un empleado público”,
Sin preguntas sobre el Sáhara
Si el presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, tardó casi cuatro meses en hablar del conflicto saharaui -“la crisis que nos es tan próxima” dijo-, en España la prensa tampoco se lo ha preguntado en sus comparecencias públicas o en entrevistas, como las que le hicieron Pepa Bueno en la Cadena SER, el 3 de septiembre, o Ana Pastor en La Sexta, el 16 de septiembre.
El Consejo de Derechos Humanos insta a los Estados a que investiguen los actos de violencia, amenazas o agresiones contra periodistas y a que conformen sus leyes, políticas y prácticas con las obligaciones y los compromisos que han contraído en virtud del derecho internacional de los Derechos Humanos.
La 39 sesión del Consejo adoptó, también, resoluciones sobre la situación de los Derechos Humanos en Burundi, Myanmar, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Siria, Somalia, Sudán, Venezuela y Yemen. En la 38, celebrada a primeros de julio, se analizaron las graves situaciones en esta materia que se viven en Siria, Eritrea, Bielorrusia o Myanmar y fue aprobada una resolución sobre “La promoción y protección de los derechos humanos en el contexto de las manifestaciones pacíficas”, concentraciones que en el Sáhara ocupado son duramente reprimidas.
Aunque el Consejo de Derechos Humanos no ha tratado las violaciones de los DDHH en el Territorio No Autónomo del Sáhara Occidental, que se encuentra pendiente de descolonización, y España, la potencia administradora de iure del territorio, guarda silencio, en los territorios del Sáhara ocupados por Marruecos, en ciudades del sur marroquí con población saharaui y en las cárceles marroquíes con presos políticos saharauis se vulneran los Derechos Humanos, según organizaciones sociales y medios de información saharauis, como recoge la relación correspondiente a septiembre:
Septiembre saharaui 2018

COMUNICADO CONTRA VENTA DE ARMAS PARA LA GUERRA

COMUNICADO

La Federación del Grande Oriente Español, La Federación Internacional Pro Derechos Humanos-España y La Liga Española Pro Derechos Humanos lamentan que el Gobierno haya decidido mantener el comercio de armas con Arabia Saudita, país que está al frente de una coalición que interviene en la guerra que se libra en Yemen. Esta guerra civil ya ha provocado, de acuerdo con el Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU, más de 6.500 muertos y 10.500 heridos en la población civil. Resulta especialmente lamentable que en la decisión de mantener la venta de una partida de bombas, con el consiguiente riesgo para la vida de las personas, haya tenido más peso el impacto que tendría en la economía española la pérdida de un cliente tan importante de la industria armamentística nacional como lo es Arabia Saudita.

Por otra parte, esta decisión, sin perjuicio de su incompatibilidad con el Derecho Internacional Humanitario y en especial con la prohibición de vender armas convencionales prevista en el artículo 6.3 del Tratado sobre Comercio de Armas de la ONU si existe el riesgo de que utilizarse para crímenes internacionales, vulnera la norma de derecho interno contenida en la ley 53/2007 de 28 de diciembre, sobre control del comercio exterior de material de defensa y de doble uso, que en su artículo 8 expresamente establece que deben ser denegadas las solicitudes de autorización de transferencia de material de defensa cuando existan indicios racionales de que dicho material pueda ser utilizado de manera contraria al respeto debido y la dignidad inherente al ser humano, con fines de represión interna o en situaciones de violación de derechos humanos.

Madrid, septiembre de 2018

COMUNICADO ANTE LA POLÍTICA MIGRATORIA ESTADOUIDESE

Comunicado ante la política migratoria estadounidense

La Asociación Pro Derechos Humanos de España no puede sino manifestar su rechazo a la instrumentalización que la administración estadounidense, con una finalidad disuasoria, está haciendo de los menores que acompañan a los inmigrantes irregulares al separarlos de sus familias e internarlos en centros que no cumplen las mínimas condiciones que son exigibles para preservar su salud física y emocional.
Pareciera que la reacción de rechazo de la comunidad internacional, así como de sectores de la propia opinión pública estadounidense e incluso del propio Partido Republicano, han provocado, según las últimas noticias, una rectificación en el sentido reagrupar a los menores con sus familiares.
La APDHE, no obstante, quiere dejar claro que esta rectificación no tiene ningún mérito pues, simplemente pone fin a un aspecto concreto y muy grave de una política general que por su propia naturaleza constituye una continua violación de Derechos Humanos contra inmigrantes que no pueden encontrar condiciones de vida digna en sus países de origen.
Madrid, 21 de junio de 2018

FRANCIA OBSTACULIZA LOS DD.HH EN EL SAHARA OCCIDENTAL

La Liga Española Pro Derechos Humanos y La Federación Internacional Pro Derechos Humanos-España, Considera que Francia traiciona los derechos del Pueblo Saharaui.
Abril saharaui: Los Derechos Humanos en segundo plano y la sordera de Francia

La Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) no tiene entre sus funciones, una vez más, la vigilancia de los Derechos Humanos, permanente reclamación saharaui que año tras año frustra Francia, la gran protectora del régimen de Marruecos, invasor y ocupante de la excolonia española.
Pero en esta ocasión los Derechos Humanos quedaron en segundo plano ante las especiales características de la prórroga de la misión de las fuerzas de la ONU: En lugar de un año, como se venía haciendo desde 2008, el mandato es para seis meses, hasta el 31 octubre de 2018, y en la resolución, aprobada con doce votos a favor y las abstenciones de Rusia, China y Etiopía, se insta a Marruecos y al Frente Polisario a retomar las negociaciones para poner fin al conflicto.
La importancia de esta la decisión fue destacada por el coordinador saharaui con la MINURSO, Mhamed Jadad, que dijo que se deberá llegar a una quinta ronda de negociaciones sin condiciones previas y de buena fe y que el Consejo de Seguridad “quería poner fin a la situación actual que se vive en el Sáhara Occidental que Marruecos y Francia intentan perpetuar tratando de mantenerla en el statu quo”.
Esto, unido a la ruptura de relaciones de Rabat con Irán, país al que acusó de armar, financiar y formar al Frente POLISARIO a través de Hizbulá, el partido chií dominante en el Líbano, desmentido por ambas organizaciones, hizo que la no inclusión de los DDHH entre las funciones de la MINURSO haya pasado casi desapercibida y sin muestras de rechazo.
La MINURSO, creada por la Resolución 690 del Consejo de Seguridad de 29 de abril de 1991, es la única misión de paz de la ONU que no vigila el cumplimiento de los Derechos Humanos. De las quince misiones desplegadas actualmente en los cinco continentes, ocho se encuentran en África y, excepto la del Sáhara, contemplan “la protección de la población civil y los Derechos Humanos”. Así ocurre con la MINUSCO (República Centroafricana), MINUSMA (Mali), MONUSCO (República Democrática del Congo), UNAMID (Darfur), UNISFA (Abyei), UNNIL (Liberia) y UNMISS (República de Sudán del Sur). El pasado año se clausuró la ONUCI, la operación de NNUU en Costa de Marfil, al completarse con éxito su mandato el 30 de junio de 2017.
En abril de 2013 Estados Unidos presentó un proyecto de resolución para incluir los DDHH en los cometidos de la MINURSO, pero Francia, con el respaldo de España, que forma parte del Grupo de Amigos del Sáhara Occidental junto a la propia Francía, EEUU, Reino Unido y Rusia, frustró la iniciativa.
Precisamente en Francia, en el ayuntamiento de Ivry-sur-Seine, la ciudadana francesa Claude Mangin-Asfari se encuentra en huelga de hambre desde el 18 de abril para reclamar poder visitar a su marido, el

VÍSTETE DE NOVIA, Y NO CORRAS

Me parece muy adecuado poner este artículo del año 2008 de Pérez-Reverte por que es actual, Pérez-Reverte es una Luz que hay que apreciar y mucho más leerle.
Vístete de novia, y no corras
ARTURO PÉREZ-REVERTE | El Semanal – 07/6/2008
Me van a volver diabético, entre tanto gilipollas. Nunca hubo tal cantidad de soplacirios en la política, el sindicalismo, la cultura, el feminismo, la sociedad. Empieza a alterarme la salud tanto buen rollo y buenas intenciones, tanta mermelada a todas horas, tanta propuesta de besarnos masivamente en la boca para que las cosas vayan bien, tanta certeza de que con demagogia y corderitos de Norit triscando saltarines por el prado conseguiremos una España, un mundo, un universo mejor y más justo. Eso está bien para los jóvenes, cuya obligación antropológica, por edad y hormonas, es batirse en defensa de todo eso y de algunas cosas más. En tales lides se desbrava uno, y con el derroche de energía, si sobrevives a ello, y con la estiba que la realidad sacude en el morro, al final terminas madurando, camino de la serenidad, la experiencia y el razonable respeto a ti mismo, a lo que fuiste, eres y acabarás siendo. Ni más ni menos que la vida, en suma. El trámite obligatorio.

Por eso me hace echar la pota el comportamiento y discurso de tanto simple, de tanto cantamañanas y de tanto golfo apandador entrado ya en experiencia y años. Toparte en cada telediario, en cada programa de radio, en cada titular de prensa, con simplezas propias de colegas de bachillerato dichas por pavos con canas en la barba, o por tordas con edad de ser abuelas, lleva a la inevitable conclusión de que, o estamos rodeados de retrasados mentales, o se trata de que los resortes sociales han sido secuestrados por una legión de embusteros y sinvergüenzas. Aunque también puede ocurrir que todo sea lo mismo: con frecuencia, un tonto al que nadie pone límites termina convirtiéndose, por puro hábito del ejercicio, en resabiado y contumaz sinvergüenza. Y más cuando, como ocurre ahora con triste frecuencia -antes sólo ocurría con la política-, es posible hacer de cualquier ideología un rentable medio de vida.

No se trata sólo de España, claro. Lo nuestro es simple contagio. El mundo -el occidental, al menos- apunta por ahí: cantamañanismo como espíritu universal. Eso, con la que está cayendo; aunque tal vez la que está cayendo -y la que va a caer- provenga precisamente de que, cada vez más, los resortes que mueven la vida y la sociedad están en poder de perfectos tontos del haba en el sentido parmenidiano -me parece que era ése- del asunto: redondos, compactos y sin poros. Hasta no hace mucho, teníamos el consuelo de saber que, en el fondo, nadie se creía de verdad lo que circulaba como moda o tendencia; más o menos lo que pasa en Italia con la política. El problema es que ahora ya no es así. Ahora, la gente empieza a creérselo todo en serio. Y a actuar en consecuencia. En la sociedad actual, la línea más corta entre dos puntos es la estupidez. Y la dictadura que, a la larga, nos impone.

Hay un símbolo reciente de todo eso. Pensaba en ello hace un momento, cuando empecé a teclear estas líneas: Pippa Bacca, la artista italiana de treinta y tres años que hace dos meses decidió viajar, vestida de novia y haciendo autostop, por algunos de los lugares más peligrosos del planeta, en nombre de la paz, para demostrar, decía, que «cuando uno confía en los demás recibe sólo cosas buenas». Lo del traje nupcial, ojo al dato, era «metáfora de un matrimonio con la tierra y con la paz, del blanco y del femenino»; y lo del autostop, «ponerse en manos de otros viajeros y fiarse de la gente». Con tales antecedentes, a lo mejor a alguien le sorprende que, a poco de empezar el viaje, Pippa Bacca fuese violada y estrangulada en la frontera entre Turquía y Siria por un fulano con antecedentes penales. A otros, que somos unos cabrones suspicaces y mal pensados, no nos sorprende en absoluto. A los sitios peligrosos se los llama así precisamente porque hay peligro. Y el principal peligro se llama ser humano, sobre todo cuando nos empeñamos en creer que los valores que predicamos en nuestras confortables salitas de estar, discursos políticos y tertulias de la radio y la tele, son los mismos que manejan un talibán cabreado con un Kalashnikov, un africano hambriento con un machete, o cualquier hijo de puta con pocos escrúpulos y ganas de picarle el billete a una señora. Por ejemplo.

Dice el recorte de prensa que tengo sobre la mesa que a esa pobre chica la mató un turco desaprensivo. Pero, en mi opinión, el recorte se columpia. La mató la estupidez. La suya y la de la sociedad occidental, cada vez más idiota y suicida, que la convenció de que el mundo, en el fondo, es un lugar simpático que sólo necesita un traje de novia para convertirse en el bosquecito de Bambi.

CONFERENCIA AMANDO DE MIGUEL SOBRE CATALUÑA (CONSIDERAMOS INTERESANTE)

Cataluña: España al cuadrado
Amando de Miguel
La tesis inicial de este texto es tan simplicísima como una elemental fórmula matemática. Cataluña viene a ser algo así como España al cuadrado. Esto es, Cataluña no es solo una región de España, sino acaso una muy especial, hasta el punto de que amplifica o exagera algunas de sus características que asignamos al pueblo español. Lo cual sería entrar en el vidrioso capítulo de la psicología colectiva. Acéptese solo como una aproximación literaria. No deja de ser curioso que el gentilicio “español” parezca dicho en lengua catalana. La terminación en <-ol> resulta extraña en castellano y muy común en catalán. Es solo una pista. Otra del mismo fuste lingüístico es que tanto “Cataluña” como “Castilla” significan primeramente “tierra de castillos”.
Una buena parte de lo que se ha escrito sobre Cataluña ha sido desde dentro de ella. Además, ese análisis ha alcanzado una gran difusión, dado que Barcelona ha sido por mucho tiempo el centro de la industria editorial en castellano. Tan fuerte es esa tendencia que se ha impuesto la presunción de que solo los catalanes pueden escribir propiamente sobre sí mismos. Como castellano que soy de nación, me atrevo por un momento a conculcar esa prescripción latente, más que nada porque no le encuentro mucho fundamento.
Otra de las reglas no escritas de la vida pública española de las últimas décadas es la de que no hay que criticar a los nacionalistas, sobre todo vascos y catalanes, que son los de mayor solera. Es una norma que suelen seguir los políticos, escritores y comunicadores de todas las camadas. No se sabe por qué se tiene que cumplir un precepto tan caprichoso. Puede que sea un juego implícito: los nacionalistas no deben ser criticados hasta que no se declaren abiertamente separatistas (ellos dicen independentistas). Se colige que, antes de llegar a ese punto, se mantienen con un talante moderado, sus acciones no afectan al resto de los españoles. Es mucho suponer, pero subsiste el complejo que digo. Como si estuviera escrito en un código implícito.
No es solo la inhibición de criticar, sino algo más preocupante. Durante las últimas generaciones, en los medios intelectuales castellanoparlantes se observa una disposición falsamente obsequiosa y aduladora respecto del catalanismo. Supongo que es una manifestación de esa bobada de lo “políticamente correcto”. En los últimos lustros es esa falsificación lo que facilitado que el catalanismo sedicentemente pactista se haya convertido en independentismo radical y agrio. Pero los independentistas del último día han calculado mal la fuerza del Estado (el de verdad, no España), basándose en la persistencia del complejo que digo. Su error ha sido tan descomunal que unos han acabado en la cárcel y otros como forajidos, esto es, delincuentes huidos de la Justicia. Por lo menos han conseguido cierta notoriedad.
¿En qué consiste el tan traído y llevado “problema catalán”? Se trata de un “proceso”, término tan querido de los catalanistas. Es decir, es algo que no termina nunca, en cada momento adquiere nuevas dimensiones. Desde hace más de un siglo la fuerza política y cultural dominante en Cataluña ha sido el catalanismo. Inicialmente fue provincialismo, luego regionalismo, después nacionalismo y en los últimos años soberanismo o independentismo. Desde fuera suele pasar por separatismo; técnicamente sería secesionismo. A lo largo de ese proceso el catalanismo ha influido decisivamente en la gobernación de España. Simbólicamente, dos de los siete componentes de la comisión redactora de la Constitución de 1978 fueron catalanistas, uno de derechas (Roca) y otro de izquierdas (Solé).
El nacionalismo ha gobernado en Cataluña, en solitario o en compañía de los socialistas regionales, durante los últimos 40 años. Su papel hegemónico ha degenerado en un alto nivel de corrupción, no solo en su faceta delictiva, sino en la posibilidad de enriquecimiento personal a través de la política por vías legales. Esta secuencia se podría comparar con el caso del socialismo andaluz. En ambas circunstancias se produce el hecho de que sigue gobernando el partido corrupto hasta las cachas, al contar con un amplio respaldo apoyo electoral. Lo específico de Cataluña es que los catalanistas han medio convencido a la población de que “España nos roba”. Lo cual es una pirueta propagandística tan disparatada como inteligente. Los Gobiernos nacionalistas en Cataluña no solo se han hecho perdonar electoralmente sus latrocinios. Más grave es la práctica impunidad con la que han actuado a la hora de atropellar los derechos de los castellanoparlantes.
Últimamente, la cuestión catalana es la que más preocupa a los españoles ávidos de noticias, de las que sobrepasan el mundo del “famoseo”. Se centra en la insólita pretensión de una gran parte de los catalanistas para desgajar a Cataluña de España. El resto de los españoles asisten estupefactos al espectáculo. Puede que se trate de una hipérbole, una más de las varias que aparecen a lo largo de la accidentada Historia de España. Supera a los otros nacionalismos españoles de la época contemporánea. Mientras tanto llega el objetivo milenarista, el juego consiste en presionar para obtener todo tipo de ayudas y privilegios por parte del Gobierno de España. El País Vasco lo ha desempeñado hasta hoy mismo con grandes frutos. Pero los nacionalistas catalanes, cansados ya de pactos, se han liado la manta a la cabeza y exigen ya la independencia inmediata de su región, transmutada en nación. Es el triunfo del voluntarismo.
Como anticipo de la exigencia soberanista, se ha planteado, y en parte conseguido, la condición de que el catalán sea el idioma prevalente en la vida pública de Cataluña. Bien es verdad que el castellano es un idioma de comunicación internacional y lo conocen todos los habitantes de Cataluña. Por tanto, resulta suicida eliminarlo de cualquier territorio donde se utilice con naturalidad. Hace un siglo, al independizarse los nacionalistas irlandeses, no cometieron la tontería de prescindir del inglés en la vida pública de la nueva República.
Es casi un axioma identificar a los catalanes con el sentido común, el sosiego, la sensatez, la mesura; en síntesis, el seny. No hay muchos datos para probar tal identificación, como todos los que se basan en la psicología colectiva. Antes bien, si algo distingue a la cultura y a la política de Cataluña es la desmesura, la exageración. No hay más que recordar alguna manifestaciones o expresiones del genio de Cataluña: el anarquismo, el arte de Gaudí o de Dalí, el teatro de Boadella, los escritores como lletraferits. Un exceso reciente y llamativo ha sido la rocambolesca peripecia del presidente Puigdemont, prófugo de la Justicia. Desmesura podría ser también la obsesión general de los independentistas catalanes por los orígenes de su patria. Cierto es que el rasgo de la desmesura es general en España. Lo cual confirma la sospecha de que España no puede entenderse sin ese alcaloide histórico que es Cataluña. Y también al revés.
Llama la atención el enorme peso historicista de los intelectuales españoles que escriben sobre su país. Sucede asimismo que la pléyade de hispanistas (los extranjeros doctos en cuestiones españolas) son casi todos historiadores de profesión. Pues bien, ese rasgo historicista es más visible aún en el grupo de intelectuales o periodistas que escriben sobre Cataluña. Es raro encontrar un texto sobre la sociedad catalana que no se refiera al pasado, no ya de un par de generaciones, sino de varios siglos. Los historiadores catalanes suelen idealizar los orígenes de Cataluña, acentuando las diferencias que hubo con Castilla y Aragón. La principal es que ya hacia el año 1000 en Cataluña, y más propiamente en el condado de Barcelona, empieza a fraguar la idea de una nación soberana. Sería, pues, propiamente la primera del mundo.
Con toda la naturalidad, los historiadores catalanistas han logrado convencer a la población de otra quimera: durante siglos ha funcionado una institución llamada “Corona catalanoaragonesa”. Que no fue absoluta, sino pactista o confederal. Como consecuencia, se establece la justificación histórica del independentismo catalán actual y de sus anhelos irredentistas: la reconstitución de los “países catalanes”, principalmente con Valencia y Baleares.
Los ideólogos del catalanismo aparecen tocados de una suerte de “adanismo”, y no solo porque algún clérigo trabucaire estableció que el Paraíso Terrenal se situó en Olot. Quieren hacer ver que Cataluña se anticipó a las demás entidades de España, y aun de Europa, en muchas innovaciones políticas y culturales. Bien es verdad que tales justificaciones por el pedigrí histórico las podrían aducir otras regiones con parecidos argumentos.
Junto al historicismo, se encuentra otra coincidencia entre los expertos en España y los que se refieren a Cataluña. Es lo que podríamos llamar “academicismo”, en el sentido de que los textos de su respectiva especialidad se limitan a ser un centón de citas. Es el rasgo de estilo que distingue a las tesis doctorales en las ramas de Humanidades y Ciencias Sociales. Pudo ser un empeño útil en la época anterior a Google, pero hoy resulta un tanto pedante. Aun así, subsiste.
En síntesis, el catalanismo no deja de ser un fenómeno genuinamente español. De ahí que el análisis de su política adquiera tintes que se dan en otras regiones y en el conjunto de España. Por ejemplo, el “fulanismo” de los partidos políticos, que son más bien cohortes en torno a un caudillo. O también la escandalosa corrupción de la vida política. Tampoco es cuestión de entusiasmarse mucho por la pertenencia del catalanismo a la gran familia española. Hay que contar con el espíritu de venganza de ciertas metáforas. En muchas familias españolas hay parientes con los que los demás no se hablan o, peor, se odian. Las peleas entre parientes suelen ser especialmente agrias.
El problema catalán es también el problema español en la medida en que ambas entidades, Cataluña y España, pretenden ser naciones. La sentencia salomónica del conflicto podría ser que España es un Estado plurinacional o una nación de naciones. Pero ese es más que nada un juego de palabras que no contenta a ninguna de las partes. La base del catalanismo es que Cataluña es una nación y, por tanto, debe contar con un Estado propio. Es una vaga salida que puede oscilar entre ser una comunidad autónoma, una fórmula de autogobierno o la plena soberanía, esto es, la independencia. Lo que los catalanistas llaman “proceso” consiste en atravesar por esas tres opciones o fases con la mayor diligencia posible. De repente, a los milenaristas les han entrado las prisas. No sería un asunto menor que, conseguida la independencia de Cataluña, se dictara un generoso indulto para los delitos de los políticos.
El silogismo explícito de los ideólogos del nacionalismo catalán es así de sencillo: “Cataluña es una nación. A toda nación corresponde un Estado. Luego Cataluña debe autogobernarse, o mejor, independizarse, lo mismo que han logrado muchas colonias”. El razonamiento implícito corre así: “En ese Estado vamos a mandar nosotros, los que siempre hemos mandado, al menos de una forma subrepticia”. La consecuencia práctica de los anteriores discursos es este otro: “Cuanto más débil sea el Estado español y más competencias ejerza la Generalidad de Cataluña, más pronto acabará el proceso y alcanzaremos nuestro objetivo”. El cual ha seguido una táctica paso a paso y de hechos consumados. Por ejemplo, los Gobiernos de Cataluña han logrado imponer el adjetivo “nacional” a ciertas instituciones culturales. Al mismo tiempo, las provincias catalanas pasan a ser “demarcaciones”. No es menor la táctica de que en los espacios dramáticos subvencionados los personajes ridículos o ancilares se expresan en castellano.
El criterio ponderado para dilucidar si Cataluña es una nación es que así se la considere fuera de ella por la opinión ilustrada. No basta que tal asignación provenga de los catalanistas, que serían siempre parte interesada en la polémica. El hecho es que desde fuera de Cataluña difícilmente se puede encontrar el reconocimiento de Cataluña como nación. Solo se hará en el prístino sentido de la nación como “el conjunto de los nacidos en Cataluña”. Lo cual no sirve de mucho en términos políticos, pues excluiría a los inmigrantes que residen en Cataluña y que son una buena parte del censo. Por lo mismo, incluiría a los muchos catalanes de nacimiento que viven fuera de Cataluña, lo que supondría un contrasentido todavía mayor.
Otra cosa es que Cataluña se declarara independiente con todas las de ley. A partir de ese momento hipotético sería fácil que el resto del mundo empezara a percibir a Cataluña como nación. Eso mismo es lo que ha sucedido desde hace siglos con España. Nadie duda de que corresponde a una nación y a un Estado. La política internacional se mueve con hechos, no tanto con voluntarismos.
Un problema teórico sin solución es que, al afirmar la existencia de una nación catalana, se está negando la de la nación española. Luego resulta inevitable el conflicto, incluso podría originarse una guerra civil. De paso, habrá que recordar que la anterior guerra civil, la de 1936, no fue entre España y Cataluña, como pretenden algunos ideólogos catalanistas.
La nación catalana, que nunca ha sido independiente, se basa en la aspiración a serlo al disponer de una cultura y lengua propias y al correspondiente sentimiento de identificación los catalanes. Pues bien, la nación española se apoya igualmente en una comunidad de cultura, una lengua común y el sentido de pertenencia. Pero se añade el detalle definitivo de que la nación española sí ha sido independiente durante siglos. ¿Qué sentido tendría desgajarse para levantar otras naciones dentro de ella, no solo la catalana? Para empezar, supondría un coste económico prohibitivo. No digamos la dificultad de que la Unión Europea aceptara una salida tan errática.
Hipotéticamente, una Cataluña independiente podría vivir sin el resto de España, al considerarla como un Estado opresor. Pero la simetría no se cumple por el otro lado. La nación española sin Cataluña carecería de razón de ser; ni siquiera podría seguir siendo España.
Llama la atención otra paradoja. Por un lado, los catalanistas sostienen que su nación lo es desde siempre, desde el tiempo medieval en el que aún no existían tales entidades. Las “naciones” consistían entonces en agrupaciones de personas unidas por el paisanaje. Pero al tiempo, esos mismos ideólogos se muestran sumamente atareados en la “construcción nacional” de Cataluña, que, al parecer, no termina nunca. En su virtud, se logra que un sinfín de entidades culturales, económicas, deportivas, religiosas, etc. se pronuncien a favor del catalanismo.
Una de las expresiones más confusas es la que han impuesto los nacionalistas catalanes al hablar de “Estado”. Al considerar a Cataluña como nación (y no digamos como “nacionalidad”, otro malentendido), se diluye en la parla política la nación española, que pasa a ser simplemente “Estado”. Todo para no tener que pronunciar la palabra vitanda “España” o “español”. Se acepta con naturalidad decir “de ámbito estatal” en lugar del calificativo de “español”. Asombra el éxito que ha tenido en el vocabulario general de los políticos y los medios españoles el disparate terminológico anterior. Lo ha asimilado sobre todo un gran sector de la izquierda. Ni los más aguerridos fascistas en España llegaron a imaginar que se podía cumplir el sueño de hacer equivalente la nación española con el Estado.
El asunto de los gentilicios se halla tan distorsionado que muchos catalanistas se las ven y se las desean para evitar referirse a los “españoles”. En su lugar, hablan, por ejemplo, de los “peninsulares”, sin caer en la cuenta de que esa etiqueta incluye a los portugueses, gibraltareños y andorranos, excluyendo, además, a los habitantes de Canarias, Ceuta y Melilla. Si se evita el término “españoles” es porque inevitablemente englobaría a los catalanes; por lo menos así ha sido desde que empezaron a funcionar tales gentilicios en la Edad Media.
Las naciones se distinguen por símbolos de identificación, por lo general poco discutibles. Pero no es el caso de España, donde todavía no es unánime el reconocimiento de una bandera que represente a todos. Siempre surge la añoranza de la bandera republicana por parte de ciertos grupos de la izquierda. Algo parecido sucede con Cataluña. Los nacionalistas catalanes tampoco se ponen de acuerdo sobre cuál deba ser la bandera de su país, si la cuatribarrada estricta o la estrellada.
La innovación que hizo la Constitución de 1978 del Estado de las autonomías (donoso oxímoron) ha sido un éxito administrativo. Pero al tiempo ha significado un coste elefantiásico y, al final, un fracaso político. La continua demanda de más competencias para los Gobiernos regionales (autonómicos) parece un proceso sin fin, hasta derivar en algunos secesionismos. No es menor tacha que el régimen de comunidades autónomas ha propiciado unas altas cotas de corrupción política que parecían impensables. Cataluña no se ha quedado atrás en esa carrera de la corrupción.
Una nación se define por ser diferente de las otras. No está nada claro cuál sea el famoso “hecho diferencial” de Cataluña, se entiende, respecto del resto de España. No puede ser la lengua que muchos catalanes, y aun las leyes, consideran como “propia”. En otras regiones españolas hay también lenguas diferentes del castellano, y también se consideran como “propias” de la región correspondiente. El hecho fundamental es que hoy la proporción de españoles que entienden el castellano es mayor que nunca.
Las peculiaridades de la historia de Cataluña, de su economía, de sus costumbres tampoco son tan exclusivas. Si acaso, el verdadero hecho diferencial de Cataluña es que sus minorías intelectuales, políticas o empresariales se han ocupado abundantemente en resaltar su carácter autóctono. Hay que reconocer que lo han hecho con notable éxito. Cuidado que a la generalidad de los españoles que piensan les priva hablar de sí mismos. Pues a los catalanes, más.
El verdadero e insólito hecho diferencial de Cataluña es que ha llegado un punto en el que más o menos la mitad de su población desea separarse de España. Ese estrambótico dato significa que la sociedad catalana aparece dividida en dos de manera insoluble. Si el porcentaje de independistas se situara en torno al 20%, ese fenómeno sería un estado de opinión más, sin consecuencias para la secesión. Si se situara próximo al 80%, nos encontraríamos en la antesala de una natural independencia, como ha habido otros casos en la Europa contemporánea. Pero la situación cercana al 50% significa un conflicto permanente.
El hecho diferencial de Cataluña se ha buscado otras veces en la raza, la psicología colectiva, la mentalidad predominante, etc. Lo que importa es la conclusión a la que se llega tantas veces: los catalanes son superiores a los demás pueblos españoles, quizá mano a mano con los vascos, los valencianos y los baleares. Como es fácil suponer, no es fácil que el resto de los españoles vayan a aceptar resignados esa tácita inferioridad. Podrá parecer estomagante la matraca del “hecho diferencial” o la del “conflicto con el Estado”, pero esa continua salmodia ha sido muy útil para los catalanistas.
Otra ambivalencia muy curiosa es la fuerza centrífuga de los catalanistas respecto a su inserción en España y al tiempo su presión constante para participar en la dirección política y cultural de España. A lo largo del franquismo casi siempre se sentaba un catalán (nacionalista de derechas, naturalmente) en el Consejo de Ministros. Su misión estaba clara: defender los intereses de los industriales catalanes. Como queda dicho, advenida la transición democrática, los catalanistas lograron situar a dos representantes suyos en la comisión redactora de la Constitución. En la democracia ha sido constante el imprescindible apoyo de los nacionalistas catalanes o vascos en todos los Gobiernos de los partidos nacionales. Esa continua presencia ha influido en la definición de España como un “estado plurinacional” o una “nación de naciones”. Da igual que tales expresiones no figuren en el texto constitucional; han quedado como una pista para interpretarlo. Confusas y deletéreas como son, han servido para fundamentar las pretensiones secesionistas de Cataluña.
Siempre se puede razonar que la independencia de Cataluña no ha llegado. Incluso, planteada como una declaración unilateral de independencia en 2017, ha constituido un delito de sedición. Mas no importa. En el entretanto, la presión catalanista a lo largo de más de un siglo en las Cortes y en los Gobiernos ha servido muy bien para defender los intereses de las empresas de Cataluña. En su día se llamó “fomento del trabajo” a esa acción defensiva, un acierto terminológico. Otra paradoja: con ocasión del pequeño golpe de Estado que supuso la declaración de independencia de la República Catalana en 2017, muchas empresas catalanas decidieron situarse fuera de la región. Ha sido un episodio más de la general ambivalencia del catalanismo. El cual termina siendo, más que nada, una forma de subsistencia de los que mandan en Cataluña.
Empleo ese circunloquio de “los que mandan” en Cataluña para agrupar no solo a los empresarios y nacionalistas, sino a los intelectuales y los líderes de los sindicatos y determinadas asociaciones cívicas. El éxito de fuerzas tan dispares ha sido el control inusitado de los medios y de la vida cultural. Han conseguido que ese reducido conjunto se identifique con Cataluña. Si alguien criticara a ese núcleo de poder o influencia se expondría a que lo consideraran como enemigo u opresor de Cataluña.
Habrá que explicar por qué, en contra de todos los razonamientos, se ha impuesto el deseo de independencia en una mitad, más o menos, de la población catalana. En la hueste de los varios millones de catalanes favorables a la secesión se ha inoculado la idea de despreciar a España, de sentirse incómodos con sus símbolos. Ha sido todo un éxito de la propaganda nacionalista en lo que tienen de sentimental.
¿Pero no quedamos en que los catalanes son pragmáticos y que, por tanto, entienden que les conviene seguir siendo parte de España? A la mitad de ellos, no. De ahí el enfrentamiento sin fin. Se trata más bien de un “juego de suma nula” en el que los dos contendientes van a perder. Hay muchos ejemplos de relaciones sociales en las que tiene lugar tal obcecación.
Durante muchos años todo el que se oponía a la política nacionalista de los que mandan en Cataluña era tachado de “facha” o denuestos parecidos. Es evidente la paradoja, pues lo realmente fascista ha sido el talante totalitario de la política nacionalista. Se ha proyectado sobre todo en el prepóstero control de los medios de comunicación y en la orientación ideológica de la enseñanza. La defensa de la lengua catalana solo ha sido una coartada.
La vena totalitaria del catalanismo se revela en la consideración de que cualquier crítica que reciba debe ser tratada como una afrenta a Cataluña. El catalanismo necesita presentarse como secesionista para convencer a su electorado de que “España” (es decir, el resto de ella) es su enemigo. Como se trata de un juego de guerra, vale desplegar toda la propaganda posible, incluida la tergiversación de la Historia y el intento de excluir el idioma castellano de la vida pública catalana. Enfatizo el intento porque me parece extremadamente difícil conseguir que el castellano desaparezca de la sociedad catalana. Solo podría tener éxito (como lo fuera en el caso de Filipinas) si el castellano fuera sustituido por el inglés. Parece un supuesto absurdo, pero la parte más viajada del catalanismo lo intentará.
Resulta moralmente incomprensible y políticamente suicida que el objetivo primordial del catalanismo haya sido el plan de erradicar el castellano de la vida pública de Cataluña. Objetivamente, el hecho de contar con el castellano ha ayudado mucho a la vocación exportadora de las empresas catalanas, empezando por las editoriales.
Por mucho que se pueda hablar de hegemonía del nacionalismo catalán, la verdad es que nunca ha sido completa, por mucho que ahora haya “salido del armario” y se declare independentista. Se registra igualmente en Cataluña una activísima resistencia al monopolio ideológico nacionalista. Más que nada se orienta a la protesta intelectual contra la llamada “normalización de la lengua” (catalana) y la “inmersión lingüística” de los escolares (en el idioma catalán). Según esa política, en el más tolerante de los casos, el castellano pasaría a estudiarse como una lengua extranjera. Recordemos que el número de tontos es infinito.
El catalanismo se ha presentado siempre con ínfulas totalitarias, de exclusión y persecución de los adversarios. Sin embargo, al final ha pesado más la mentalidad pluralista que ha dominado en los espíritus más libres de la Cataluña contemporánea. Frente a las pretensiones hegemónicas del independentismo, se ha alzado una oposición contumaz de ciertos elementos españolistas o simplemente tolerantes. Casi siempre ha sido más bien una disidencia de intelectuales, originariamente escorados hacia la izquierda, hasta muy recientemente poco aptos para construir un partido político. La inercia de tantos esfuerzos de los resistentes a la hegemonía nacionalista ha acabado por cristalizar en un partido: Ciudadanos. El cual ha ido avanzando durante los últimos años hasta resultar en la formación con más escaños en el Parlamento de Cataluña. De momento no puede gobernar porque la alianza de los partidos nacionalistas forma un bloque que acapara la mayoría parlamentaria.
Durante los últimos decenios la hegemonía nacionalista ha significado para Cataluña una pérdida cuantiosa de capital humano, al forzar el éxodo de miles de profesores y otros profesionales. Al tiempo, la continua política “normalizadora” ha supuesto dedicar un sinfín de subvenciones a todo tipo de “movilizaciones” para diseminar el fervor catalanista de la población. El resultado ha sido un notable estancamiento del tradicional ímpetu económico de Cataluña. Las empresas punteras en España se sitúan ahora especialmente en Madrid, no en Barcelona. El relativo declive económico de Cataluña se acentúa porque sus clases empresariales han perdido la extraordinaria capacidad creadora y comercial de antaño. Pero esa cuestión corresponde explicarla a otras personas más duchas que yo en materia tan intrincada como es la Economía. Mi propósito ha sido solo un estímulo para hacer pensar.
Málaga y Sevilla, 29 y 30 de enero, 2018.