MASOFOBIA

Masofobia e incitación al odio

Un confidencial digital de referencia publicaba recientemente un extenso artículo contra un candidato a cargo electo en las próximas elecciones generales haciendo escarnio público con un único argumento: su pertenencia a “la secta más enigmática y oscura de la actualidad” conducida por “los fines masónicos de control social”.

“Es masón. Otro más de los que deben su obediencia a una de las logias que a su vez se deben a la obediencia masónica , se permitía afirmar, como queriendo privar a los seis millones de masones del mundo de la mayor conquista individual que persiguen: el librepensamiento de quien sólo depende de su conciencia para poner en práctica un ideal de paz, amor y fraternidad.

En una entrevista publicada por el diario El Mundo el candidato en cuestión afirmaba “No, no soy masón… Ni sé lo que es eso”. El desmentido es la anécdota. La cuestión de fondo es que en la España democrática del siglo XXI se reproduzcan en un medio de comunicación los mismos argumentos que justificaron la represión de la Masonería por las peores dictaduras de la Europa del siglo XX.

La última reforma del Código Penal demostró cuán en serio quiere tomarse la sociedad española los delitos de incitación al odio y a la violencia: penas de uno a cuatro años para “quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél”. La sociedad española, que distingue con nitidez y condena con dureza las expresiones de odio, debe dejar de admitirlas contra el colectivo más odiado y perseguido en la España en el siglo XX: los masones.

Contra la masofobia, tolerancia cero.

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