NO SON CULPABLES DE QUE TENGAN QUE EMIGRAR

No podemos acostumbrarnos a estos espectáculos diarios, son personas humanas y necesitan vivir dignamente, dignidad que no tienen en sus Países por el nivel de corrupción de sus dirigentes…..
Tras el intento de entrada de más de 800 inmigrantes ocurrido el pasado viernes 28 de marzo, la valla de Melilla vuelve a ser foco de atención internacional. A las 09:00 horas, un grupo de unos 200 inmigrantes intentaban acceder a la ciudad autónoma por el límite norte del vallado, conocido como La Plancha o Barranco del Quemadero.
La mayoría de estos inmigrantes eran rechazados por las Fuerzas Auxiliares y la Gendarmería marroquí antes de que consiguieran su objetivo de pisar suelo español. Pero, un grupo formado por 28 subsaharianos, la mayoría de Costa de Marfil, según comentaban ellos mismos, permanecieron encaramados en lo alto de la valla interior, la que da al lado español, durante varias horas.
Dos de ellos, visiblemente malheridos, como ya hiciera otro inmigrante en el último salto, se subieron a lo más alto de una farola situada en suelo melillense muy cerca del perímetro fronterizo. Allí estuvieron durante casi ocho horas, hasta que la fatiga y las graves heridas que se habían hecho durante el salto, principalmente en los pies, pudieron más que la fuerza por conseguir su sueño.
El lugar por el que intentaban entrar a España estas personas dispone de concertinas de cuchillas y de las mallas anti – trepa anunciadas por el ministro del Interior, algo que no ha impedido a un nutrido grupo superar la primera valla y encaramarse a la segunda.
A pesar de que varios de los inmigrantes presentaban cortes y contusiones, en ningún momento se les prestó asistencia médica. Después de que varias organizaciones no gubernamentales (ONG) denunciaran el caso, en torno a las 11:00 horas llegaba al lugar una unidad de la Cruz Roja que, tras diez minutos de charla con los agentes allí destacados, se marchaba sin poder hacer su labor humanitaria.
Ya por la tarde, el 061 evacuaba al Hospital Comarcal de Melilla a uno de los inmigrantes que se desvaneció y no recobraba el sentido. Al parecer, sólo sufre una fuerte lipotimia y su estado de salud es estable. A partir de las 14:50 horas, poco a poco los inmigrantes fueron pidiendo escaleras y fueron descendiendo. Algunos presentaban evidentes síntomas de cansancio y deshidratación. A las 18:30 horas, todavía quedaban encaramados 10 inmigrantes que no querían descender para no ser expulsados a Marruecos.
Todos los inmigrantes, excepto el que permanece en observación médica, fueron expulsados de inmediato por las puertas del vallado y entregados a las fuerzas marroquíes. Incluso los heridos fueron arrastrados por los pasillos entre vallas y entregados a los agentes magrebíes. Dos de ellos tuvieron que ser trasladados en camilla por las asistencias sanitarias del Hospital Hassani de la provincia de Nador.
Durante las largas horas que han permanecido en lo alto del vallado de más de seis metros de altura, los inmigrantes han proferido gritos de ¡España, España!, ¡Libertad, libertad!, y también han reclamado numerosas veces en francés ¡Cruz Roja! y ¡Derechos Humanos!. Durante un momento, antes de que comenzar a bajar, los subsaharianos se han puesto todos a rezar y pedían porque Dios les ayudara en ese momento de sufrimiento y desesperación. El delegado del Gobierno en Melilla asegura que no se han producido devoluciones ilegales, ya que considera que los inmigrantes no cruzaron el cordón policial establecido por la Guardia Civil.
Abdelmalik El Barkani cree que la nueva estrategia de quedarse encaramados en lo alto del vallado es una medida de presión de los inmigrantes que sólo pretende entrar por la fuerza y violentar las fronteras de Europa. En este sentido, cree que los subsaharianos vienen alentados por las mafias, las cuales manejan la inmigración clandestina y van a aprovechar la debilidad en las fronteras para seguir intentando llegar a suelo europeo. Esto, unido a las nuevas medidas anti – intrusión, hace que en las próximas semanas puede que haya un repunte en la presión migratoria, sobre las fronteras de Ceuta y Melilla.

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