TERCER ANIVERSARIO DEL 15-M

Tercer aniversario del 15-M

09.05.2014 | 08:52

El movimiento 15-M nació el día 15 de mayo de 2011, tomando de esa fecha su nombre, tras muchos meses de trabajo y reuniones, con el interés de dar forma a un movimiento que fuera capaz de dar un planteamiento diferente de hacer política, más participativo y democrático, que modificara el funcionamiento de las instituciones para que sirvieran realmente para el bien general y no para el enriquecimiento de las personas que estaban al frente de ellas y de los grupos de influencia financiera.

No se puede olvidar el trabajo realizado por el fiscal Pedro Martínez del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (hoy fallecido) para que dicho movimiento en el que participó, se opusiera a que el control de las comunicaciones no fuera permitido, el famoso sistema «SITEL» -Interceptación de las comunicaciones eléctricas-. Amigo Pedro quiero recordarte en este tercer aniversario.

Cuando aquel 15 de mayo de hace tres años terminó la manifestación un grupo de personas decidió individualmente acampar en la Puerta del Sol de Madrid. Aquella misma noche fueron desalojados por la Policía, prendiendo una fuerte protesta de indignación por todo el país. En pocos días se constituyeron acampadas en decenas de ciudades. Automáticamente se organizaron asambleas y charlas para debatir temas de interés sobre cuestiones políticas, sociales, económicas y medioambientales, convirtiéndose en un movimiento heterogéneo y participativo. Personas de todas las edades, niveles económicos y sociales emprendieron un trabajo por un fin común con el objetivo de mejorar nuestra democracia y poder participar en las decisiones políticas en manos de los partidos políticos y grupos de influencia económica.

El éxito para algunos del movimiento fue cuando un grupo de personas decidió voluntariamente acampar permanentemente en las plazas, sin que nadie influyera en ellos. Por eso cuando hubo presiones para desalojar las plazas, nadie tenía legitimidad para influir sobre ellos para que abandonaran las plazas. Fue una decisión voluntaria y firme «tomar» y mantenerse en las plazas, como muestra de que el pueblo «sí puede» cambiar las cosas si permanece unido, frente a los poderes económicos y políticos. Por eso, el abandono de las mismas tenía que ser una decisión consensuada y voluntaria entre ellos.

Los movimientos de indignados en España no son revolucionarios ni violentos «aunque algunos estén interesados en aplicarles ese término». El movimiento 15-M solo pretende estimular a la opinión pública a la que la desilusión, el desencanto y la desconfianza los ha distanciado de la clase política. Esta situación es muy peligrosa para la estabilidad de la democracia y puede ser el caldo de cultivo para el resurgimiento de grupos populistas y golpistas que sirven a poderes oligárquicos y financieros.

Es momento de hacerse preguntas ¿Cuál es el futuro del 15-M? ¿Hasta dónde llega su calado social y su poder de transformación? ¿Qué camino se debe seguir? No hay duda de que el 15-M abrió las mentes de los españoles, puso su semilla para despertarnos, fue consciente de que se podía contar con herramientas para movilizar un cambio en la sociedad. Los éxitos son innegables, las ilusionantes acampadas en Madrid, Barcelona, Valladolid y el resto de España fueron un éxito. Las manifestaciones internacionales multitudinarias se repitieron en muchas ciudades del mundo.

La lucha contra los desahucios y otros proyectos crecieron desde los movimientos del 15-M por parte de la ciudadanía, han acabado perdiendo su fuerza, lastrado por los problemas que han estado presentes desde su inicio y que durante aquellos primeros días no supimos ver en toda su extensión.

Tres años después hay que seguir en la calle para no defraudar las ilusiones y esperanzas depositadas ese 15 de mayo de 2011. Aunque los colectivos del 15-M siempre defienden su carácter «apartidista» están surgiendo varias formaciones de perfil «indignado». Algunos defendemos que hay que dar un paso más y sobre todo otro tipo de estrategia, yo ya la tengo lanzada en algunos círculos de los movimientos de indignados y estoy como he dicho en primera línea si es necesario. Mi idea es que se ríen de estos movimientos tanto los políticos como los grupos influyentes financieros, por eso hay que crear 200.000 «Mandelas» españoles, todos ellos pacíficos. Buscar fórmulas, que las hay, para que los 200.000 Mandelas-españoles estemos dispuestos, si fuera necesario, a ir a la cárcel por defender la libertad y la Justicia, siempre por procedimientos pacíficos, así como ganar el apoyo de la Policía y del Ejército, para proteger al pueblo ante sus justas reclamaciones de derechos y libertades que también son para ellos, al igual que sucedió hace 40 años en Portugal, donde el ejército asumió la defensa de los derechos y libertades que le habían arrebatado al pueblo

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